• Enrique Guzmán Karell

Ya no es antes: Rusia invade Ucrania


Imagen © El País

«Artículo 1. Los propósitos de las Naciones Unidas son:


1. Mantener la paz y la seguridad internacionales (…) tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz…»


Carta de las Naciones Unidas[i]

I


El mundo una vez creyó que se había llegado al fin de las invasiones y las guerras de conquista.


Creyó mucho más cuando se habló del «fin de la historia»; una tesis mucho más compleja que su simplificación posterior pero que a grandes rasgos hacía referencia al triunfo de la democracia liberal sobre un sistema que le adversaba en todos los órdenes a escala planetaria.[1]


Lo creyó del mismo modo un precario orden mundial, que mientras no dejaba de hacer esfuerzos por apelar a las vías negociadas para superar los conflictos también le concedía lugares de privilegio a los países poseedores de un especial poderío militar; un orden que no ha evitado que por décadas vivamos bajo un derecho internacional contradictorio y desactualizado.


Ese sistema, que con éxitos y fracasos funcionó e hizo crisis acá y allá, tuvo la virtud de evitar un conflicto nuclear y la guerra directa entre potencias con capacidad estratégica. Entonces las países centrales se enfrentaban a través de aliados menores en guerras circunscritas a un área geográfica, con armas convencionales, pero siempre alejadas de Washington, Moscú, Beijing, Paris y Londres.


Europa vivió así su más largo y estable período de paz después de haber sufrido dos guerras devastadoras en la primera mitad del siglo XX que los convencieron de que ese no era el camino. Antes habían estado en guerras desde casi siempre; desde antes de la formación de los estados-nación en la mayoría de ellos.


Ese fin de las invasiones y las guerras de anexión igualmente lo creyeron —ahora se ve con más claridad el error— las potencias occidentales al proclamarse vencedoras de la Guerra Fría y del sistema imperante en Europa del Este desde 1945. Desde entonces pasaron por alto que vencer a un sistema ideológico determinado no significa eliminar del todo la vocación, la tradición y el interés primario de algunos estados que tienen una historia, determinados vínculos con las naciones vecinas, además de unos recursos, una población y una manera peculiar de mostrar poderío.[2]


Quizás todo se circunscribe a la importancia del poder en la relación entre estados (la escuela realista[3] ha hecho de este fenómeno centro de su análisis) y la naturaleza última de los estados alfa que no consiguen ampliar su poderío por otras vías (Alemania, Japón, Corea del Sur son claros ejemplos de lo contrario) y la incapacidad del resto de no percibir que tales motivaciones más tarde o más temprano serán un problema.


II


Con el anuncio de ayer del ataque armado e invasión a Ucrania, Rusia está siendo Rusia. Quizás en su peor versión. Pero si miramos su historia parecería que no es un evento aislado o extraordinario aunque sí adquiere nuevas connotaciones.


Desde hace mucho, Putin viene demostrando que estamos en presencia de un liderazgo al que no le ha importado tanto la desaparición del Estado multinacional socialista como el desdén y el maltrato que ha recibido de parte de Occidente, en especial de Estados Unidos y la OTAN, quedando herido el orgullo nacional.


Quien dude, además, de ese orgullo ruso y de su poca sofisticación a la hora de relacionarse internacionalmente, pero muy en especial con sus vecinos inmediatos, que haga un breve repaso de los grandes eventos que han vivido y cómo los han enfrentado.


Lo contradictorio acá es que es justo el afán de reconocimiento, como «motor de la historia que se había paralizado» con el fin de los gobiernos comunistas —siempre según Fukuyama, heredero de Hegel en estas ideas— lo que aparece como un factor a tomar en cuenta en esta nueva Rusia que vemos hacer alarde de poderío militar desde hace bastante tiempo.


Putin tiene a su favor un vasto territorio, que se autoabastece de la mayoría de los recursos vitales, con un poderío estratégico y un entrenamiento militar a toda prueba; mientras dirige los destinos de un sistema autoritario, de poderosas mafias ancladas al poder, de escaso contrapeso interior y con bastante apoyo popular.


Putin, muy hábilmente, ha ido probando fuerza y corriendo las líneas una y otra vez. Incursiones aéreas y marítimas en países occidentales, uso de un lenguaje beligerante, agresivo y amenazador, participación bastante directa en conflictos de envergadura, con Siria como ejemplo cercano en el tiempo, e incluso anexión de territorios que no le pertenecían bajo el orden que había heredado, como es el caso de Crimea en el 2014.


El líder ruso es un estratega capaz. Es frío y calculador. Tiene una clara idea de lo que quiere y cómo lograrlo. Usa las herramientas con las que cuenta de manera efectiva. Ya que no puede ampliar su poder y reconocimiento interior a través del poderío económico, el comercio, la tecnología o la cultura (poderes blandos[4]) apela a lo que mejor sabe hacer, jugar al límite, confundir, publicitar y crear su oportunidad y ganar terreno. De ser necesario, usará la fuerza contra estados a los que no considera les debe persuasión ni buenas formas.


La expansión de la OTAN hacia el Este, una realidad, no es motivo suficiente para una invasión (de hecho, no hay motivo suficiente sino ninguno, como tampoco los tuvo EUA en Granada y Panamá) e infinitamente menos para la anexión. Putin y la OTAN han estado negociando con estados soberanos internacionalmente reconocidos. Y si bien tales límites podían y debían ser objeto de diálogo y acuerdos, nada justifica esta salida.


O sea, no solo tenemos a Rusia que invade, anexa, amenaza, que se introduce con determinación y sagacidad en los procesos políticos de la primera potencia, que rompe los equilibrios existentes y viola abiertamente todos los principios y enunciados centrales del orden internacional sino que hay una comunidad que no encontró mejores alternativas, argumentos y poderes, o persuasiones, como para evitar llegar hasta acá.


III


Para todos es una obviedad que Ucrania es un estado soberano. Con un territorio, lengua y cultura propia. Una nación de más de 40 millones de habitantes que aunque algunos consideren una cultura prima o cercana a Rusia, no es parte indiscutible de Moscú por más que ha sido blanco de un proceso de rusificación bastante acelerada, en especial desde el 2013. A lo largo de su historia ha sufrido múltiples hambrunas (Holodomor de 1932-1933, es un caso conocido, un genocidio que costó la vida a varios millones de ucranianos[5]), guerras, invasiones y ocupaciones de territorio.


Con su mirada hacia Occidente, Ucrania no hace otra cosa que buscar compensar su asimetría con respecto a Rusia, para aumentar su capacidad de maniobra y su cuestionada soberanía. ¿Alguien duda que su soberanía está y siempre estuvo cuestionada? (Es justamente lo que hace Cuba al acercarse y conferir relaciones de privilegio a los enemigos estratégicos de Estados Unidos, Rusia y China.)


Su apoyo en Occidente es un acto sensato y absolutamente legítimo que busca lograr que tanto la geopolítica como la historia no sean solo elementos negativos.


Apoyar o justificar la invasión a Ucrania por parte de Rusia, que es lo que ha hecho ayer la cancillería cubana, va más allá del conflicto entre potencias, de los intereses o posibles errores de la OTAN, de la referencia de que Rusia «se defiende» o de un probable odio o resentimiento hacia Estados Unidos, y no es otra cosa que una declaración[6] irresponsable que sienta un precedente nefasto para la nación cubana. Tal declaración también deja en claro dónde estarían los intereses estratégicos de una nación y dónde los de un sistema-partido en el poder.


IV


Este evento es otra muestra, una más, de que Estados Unidos ya no posee el poder indiscutible de inicio de los 90’ y que su estrategia de ampliación de la OTAN tiene límites o implica un desgaste colosal frente al limitado acompañamiento europeo y los cambios en la paridad de fuerzas a nivel global.


La estrategia exterior que ha seguido la primera potencia en las últimas décadas, y el claro retroceso que se impuso en diversos escenarios durante el período de Trump, difícilmente pueda ser revertido por vías negociadas con un Congreso en franco equilibrio (para no llegar a nada relevante) y ante los desafíos internos y externos del país, que no es que sean graves sino muchos, todo lo cual diluye y dispersa cualquier poder, por significativo que sea.


Es bastante poco lo que puede hacer Estados Unidos ante Rusia sin que las medidas que implemente tengan impacto sobre sí mismo, aunque se han anunciado paquetes extraordinarios de sanciones económicas que, como casi siempre, tendrán menos relevancia en un mundo ampliamente interconectado que las distorsiones que imprime. O sea, no es que EUA y la OTAN no quieran limitar y contener la expansión y agresión rusa, es que, bajo este orden de poderes diluidos y hasta débiles, no pueden.


Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, ha cometido el error de pretender aislar, ignorar y posiblemente denigrar antes que persuadir e integrar a Rusia a numerosos esfuerzos globales. Se sabe que no es nada sencillo, pero ¿lo intentaron, hicieron lo suficiente?


En el mediano y largo plazos, es muy probable sea China la potencia que obtenga los mayores beneficios derivados del actual conflicto. Cualquiera sea el resultado. No solo porque sin mucho esfuerzo ni compromiso disfrutará el desgaste de sus claros contendientes e incrementará su capacidad negociadora sino porque le regalan un precedente al que podría echar mano en caso no pueda conseguir sus propósitos hegemónicos, de alcance territorial, regional y global, empleando otros recursos.


En lo inmediato habrá que prestar mayor atención a lo que sucede en las relaciones de Rusia y Polonia. Varsovia deberá incrementar su importancia estratégica.


V


Lo que aparece como más evidente es que luego de estos eventos pierde el mundo, el derecho internacional y los organismos existentes. Pierde la pax americana, con una supremacía norteamericana cada vez más cuestionada. Pierde la democracia liberal y la creencia de que la ideología y el poderío bélico no podrían ser más importantes que los resultados económicos tangibles (Rusia tiene todos los recursos, el territorio más grande del planeta pero su economía es inferior a la de Corea del Sur y Brasil). Pierden, y mucho, los países pequeños que arrastran conflictos territoriales o de otro tipo con potencias vecinas. Pierde la economía global pues aumentará el precio de la energía y varios países de Europa Occidental tendrán que reconfigurar su dependencia energética de Rusia, en especial Alemania e Italia. Perdemos todos pues se incrementa la sensación de inseguridad, el peligro de escaladas, incluso la posibilidad de un error humano o en las percepciones de actores centrales en guerra.


El mundo que prefiguran acciones como las de hace unas pocas horas es bastante inestable y tenebroso. Recuerda periodos nefastos como la anexión de los sudetes por parte de la Alemania nazi, la invasión a Checoslovaquia, el posterior reparto de Polonia entre Alemania y la URSS (pacto Ribbentrop-Molotov[7]) y muchos otros que no trajeron nada positivo al día siguiente.



Referencias:

[1] Fukuyama, Francis. The End of History? The National Interest No. 16 (Summer 1989), pp. 3-18 (16 pages), Published By: Center for the National Interest [2] Puede que el mundo haya perdido un momento dorado en los momentos en los que iba desapareciendo el Bloque del Este y el líder soviético, Mijail Gorbachov, exhibía voluntad negociadora. Entonces se pudo crear una zona desmilitarizada en Europa, con verificación, garantías y beneficios para las partes. Cualquiera de los líderes rusos que llegaron después fueron varias veces más incómodos que el último secretario General del PCUS y lo ocurrido desde entonces nos recuerda que no desaparecieron las armas de la URSS, ahora en manos de Rusia, ni la voluntad hegemónica de la OTAN. [3] Blinder, Daniel. Realismo y Relaciones Internacionales: una observación desde la historia de la ciencia y la epistemología. Consulte: https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0719-37692021000100119&lng=es&nrm=iso&tlng=es [4] Nye Jr., Joseph S.. Get Smart. Combining Hard and Soft Power, July/August 2009, Foreign Affairs, https://www.foreignaffairs.com/articles/2009-07-01/get-smart [5] University of Minnesota. Holodomor. The Ukrainian Genocide. Holocaust and Genocide Studies, College of Liberal Arts. https://cla.umn.edu/chgs/holocaust-genocide-education/resource-guides/holodomor [6] Ministerio de Relaciones Exteriores, Cuba. La Federación de Rusia tiene derecho a defenderse. http://misiones.minrex.gob.cu/es/articulo/declaracion-del-minrex-la-federacion-de-rusia-tiene-derecho-defenderse [7] Lima, Liomán. Pacto Ribbentrop-Molotov, el tratado entre nazis y soviéticos que "condenó a media Europa a décadas de miseria". BBC Mundo: https://www.bbc.com/mundo/noticias-49452818

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