• Ladislao Aguado

Una reconciliación que, sobre todo, iguale a todos los ciudadanos ante la ley

Actualizado: ago 1

Por. Ladislao Aguado


A partir de tópicos medulares acerca de la reconciliación entre cubanos o la disposición positiva para la convivencia democrática, opina Ladislao Aguado, periodista y escritor


1) Algún tipo de senda reconciliadora entre cubanos sería posible únicamente a partir de la admisión de la necesidad de una negociación política para superar las contradicciones por parte de ideas y prácticas de grupos que posean notabilidad social e importancia en los contextos políticos nacional e internacional. ¿Es factible identificar esa pluralidad de proyecciones en la realidad cubana actual? ¿Existiría en ellas dicha voluntad de negociación?


Existen proyecciones e iniciativas, pero son proyecciones anómalas, pues carecen —al privárselos el Estado— de entornos jurídicos y administrativos suficientes para funcionar bajo cierta normalidad. Es decir, podemos encontrar iniciativas ciudadanas sin estructuras de comunicación con la población a la que supuestamente han de servir; partidos políticos a los que se les ha negado la difusión de sus propuestas y, por tanto, la captación de membresía; grupos de trabajo cuyos análisis no son vinculables al desempeño de ningún instituto o administración por muy pequeños que estos sean; medios de prensa o editoriales sin conexión con sus lectores naturales.


Estamos ante una realidad de propuestas de oposición al gobierno, invalidadas por la ausencia de burocracia propia para su normal ejercicio dentro de la sociedad cubana. Ello, sin contar, los conflictos internos de las organizaciones, la labor de zapa de los órganos de inteligencia, las múltiples carencias materiales que inciden en la consecución de cualquier objetivo social.


Y sí, claro que existiría una voluntad de negociación o diálogo en ellas, ¿pero estaría dispuesto el Estado cubano a dialogar con estructuras inferiores en cuanto a proyección social y aparato administrativo, capaz de conducir una propuesta o acuerdo de diálogo de forma paralela e independiente


1) ¿Cómo caracterizaría usted esta voluntad de negociación?


Básica. Los objetivos de las propias iniciativas, por esta ausencia de desarrollo en sus estructuras y, por ende, de incidencia social, hace de las mismas estructuras ideológicas frágiles o limitadas a su propuesta fundacional. Por ejemplo, no hay Partido Verde que acoja a las propuestas animalistas, de conservación del medioambiente, de conversión tecnológica, o a ONGs de ayuda antes los desastres climáticos. Nos vamos a encontrar esbozos de propuestas sociales, que llamadas a una mesa de diálogo, quedarán reducidas a su ideario fundacional.


2) La debilidad de proyecciones sólidas que sean alternativas o complementarias al PCC resulta un déficit actual de la nación. Pero esa opacidad quizá atraviesa también a las bases militantes o cercanas al propio PCC. ¿Cuánta debilidad podría imponer ello a esta agrupación ideológica que detenta todo el poder en Cuba?


El PCC como cualquier partido político sufre y padece de desgastes. Pero el PCC no es un partido al uso, sino una maquinaria de poder. En estos casos, el desgaste suele manifestarse a través del desencanto ante el curso de ese propio ejercicio, ¿pero hacia donde cursará esa decepción?


Para un militante del PCC desencantado no hay un partido alternativo al lado esperándolo con otras propuestas, sino que aguarda por él, si tiene suerte, una suerte de marginación social, que puede traducirse en silencio político, pérdida de influencia en el medio laboral, o, incluso, la disidencia u oposición política.


Ahora, si el desencanto se hiciera mayoritario dentro de la base de militantes del PCC, habría que esperar por la respuesta del partido. ¿Daría la espalda a sus bases? ¿O procuraría contentarlas?


La primera opción, sin dudas, podría conducir a una reacción dentro de la propia militancia comunista, que podría convertirse en una vía alternativa de opinión y presión al poder. Pero, si como hasta ahora, la militancia ha asumido la disciplina de partido y cerrado filas en torno a sus políticas —al menos, en una mayoría aparente—, una vez más quedarían bloqueadas las opciones reformistas dentro del poder.


Los últimos movimientos dentro del aparato partidista apuntan hacia esta dirección. Los nuevos cuadros que se van a incorporando a la dirección tienen a una línea conservadora y poco dada a la apertura, sea esta, de la índole que pueda ser. Pero también es cierto que mañana podrían cambiar las figuras centrales del poder y tras sus salidas, iniciarse alguna forma de relajación de la verticalidad militar con que ahora mismo se ejerce el poder en Cuba.


3) En todo caso cualquier reconciliación implicaría, casi previamente, un blindaje del ejercicio de la diversidad política y social, y un límite al absolutismo del PCC. ¿Cuáles espacios y garantías podrían facilitarlo?


El blindaje debería pasar por el amparo jurídico de esas organizaciones ahora mismo ilegales, sean del tipo que sea: una asociación pro derechos de los animales, un medio de prensa, o un partido político. Mientras el Estado se arrogue en exclusiva el derecho a la legalidad, los participantes de cualquier diálogo con él, mantendrán la imagen de advenedizos o aspirantes a su ejercicio del poder.


El amparo jurídico, la legalización de estas proyecciones, el permiso a estas para la construcción de un mínimo aparato burocrático, sería, quizás, un lejano pero muy necesario punto de partido. Y apunto ‘lejano’ porque no parece que el Estado cubano esté interesado ahora mismo, en ampliar la base de las estructuras sociales, crear por sí mismo, una red de organizaciones capaces de cuestionarlo y competir con él en facultades.


4) Algunos consideran que la actual Constitución de la República podría asegurar este proceso y, en tanto su vigencia legal y la presente carencia de proyecciones sólidas con legitimidad nacional e internacional, está podría ser el instrumento común, el eje, el marco de tal acontecer. Otros alegan que no debería ser de este modo porque ella carece de elementos esenciales para garantizar lo plural y ciertas libertades imprescindibles, pues no fue diseñada desde la diversidad, lo cual además limita su legitimidad, y abogan por una restitución transitoria de la Constitución de 1940, a partir de varios criterios, entre ellos: dado que fue ejemplo de diálogo nacional, representativo y genuinamente plural. Y no faltan quienes abogan por una pronta nueva Carta Magna, a través de un proceso constituyente plural, y para ello apelan a la “ilegitimidad” de la actual Ley de leyes y a la “caducidad” de la llamada Constitución del 40. ¿Cuál es su opinión al respecto?


Mi posición es la redacción de una nueva Constitución. ¿Por qué? Sobre todo por dos razones. La actual es absolutamente interesada en el ejercicio del poder desde el PCC. Y está diseñada para castigar, coartar, limitar y restringir cualquier iniciativa ajena al propio aparato de gobierno.


También, es una Constitución parcial que no contempla los derechos de todos los cubanos. Una Carta Magna que no contempla los derechos de los millones de cubanos exiliados, que se desentiende de los derechos de las minorías y que no garantiza la igualdad de derechos para todos los nacidos bajo la etiqueta: “cubano”.

La Constitución de 1940 útil en su momento, también está plagada de gestos nacionalistas, restrictivos, y no plurales.


5) ¿Cómo propiciar un proceso de tal índole en un sistema político regido por un partido único, no dialogante, empeñado en no reconocer interlocutor alguno, con instrumentos que le facilitan esta especie de predominio?


A día de hoy, no parece haber una solución real, a corto o mediano plazo, capaz de llevar al gobierno a una mesa de diálogo.


En estos momentos hay una crisis social grave en Cuba, asistida por una situación económica muy delicada, por un descontento popular notable, con gestos diversos que reflejan ese malestar, pero no parece haber una toma de consciencia por parte de la comunidad internacional, de las organizaciones financieras y políticas con poder real para llevar al gobierno cubano a una posición de consulta o favorecedora de un proceso de pluralidad gubernamental dentro del país.


Se mantiene, además, una escisión —de interés del gobierno— entre los habitantes de la isla y los habitantes cubanos en el exilio; una limitación de los derechos de cualquier ciudadano cubano a residir e invertir libremente en el país; a usar los mecanismos jurídicos y administrativos en amparo propio; y una diferenciación en los derechos que asisten a una comunidad y otra.


Se impone —y este podría ser uno de los primeros puntos a debatir— una reconciliación nacional. Que más allá de la posible reconciliación entre opciones políticas, posiciones ideológicas o visiones de gobierno, iguale a todos los ciudadanos cubanos ante la ley de su país. A partir de ese momento, podría comenzar una nueva realidad política para Cuba.



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