• Raudiel Peña Barrios

Un análisis prospectivo sobre el futuro de Cuba


Imagen © Desmond Boylan

No resulta fácil para mí hacer un ejercicio sobre escenarios prospectivos en Cuba. La compleja realidad del presente y la información de que se dispone no permiten ir más allá de un análisis general sobre cuál pudiera ser el futuro de ese país si no se realizan los cambios políticos, económicos y sociales que reclama la sociedad cubana. No obstante, en este breve ensayo expondré lo que considero como tres escenarios probables. Cada uno lo analizaré en dos dimensiones analíticas: el desempeño socioeconómico y el político-institucional.[1]


La evidencia empírica disponible demuestra que el país atraviesa uno de los peores momentos en los órdenes económico y social. Los cambios económicos impulsados luego de la llegada al poder de Raúl Castro en 2008 no han dado los resultados que las autoridades esperaban. El resto de las medidas impulsadas por su sucesor, el presidente Miguel Díaz Canel-Bermúdez, tampoco han impactado en la mejora de la calidad de vida de millones de ciudadanos. Las afectaciones ocasionadas a la economía nacional por el impacto de la pandemia de covid-19, la implementación defectuosa de la Tarea Ordenamiento y una agenda de transformaciones económicas engavetada han deteriorado enormemente la base productiva cubana, que en la práctica depende casi exclusivamente de los ingresos turísticos.


Este complejo panorama tiene un costo social y político evidente. Las protestas sin precedentes del 11 de julio de 2021 expusieron el descontento popular y la escasa legitimidad de las autoridades. Los datos disponibles evidencian un deterioro de la calidad de vida de millones de cubanos, afectados por la elevada inflación y la imposibilidad de acceder a productos de primera necesidad comercializados en monedas extranjeras. Además, el país se enfrenta a un éxodo masivo de personas, que ya pasan los 140 000 emigrados solo hacia territorio estadunidense.


Estos y otros problemas caracterizan el presente de Cuba. La pregunta entonces es: ¿cuáles pudieran ser los escenarios futuros? El primero, y que considero como probable, sería la implementación de un modelo similar al vietnamita o chino. Este se caracterizaría por un elevado desempeño económico, a partir de efectuar reformas no desarrolladas hasta hoy o mediante la radicalización de otras. También tendría un impacto en esto el establecimiento de relaciones económicas y comerciales, más amplias y dinámicas que las existentes en la actualidad, con Estados Unidos. La posibilidad de que empresas de ese país inviertan en Cuba y de que millones de estadounidenses viajen como turistas generaría suficientes ingresos que permitirían estabilizar la economía nacional.


Este alto desempeño económico se combinaría con un bajo desempeño político e institucional. Se trata de un escenario favorable para los actores políticos y empresariales que apoyan la gobernabilidad autoritaria. Esto se combinaría con una élite unificada, una oposición política fragmentada y mal organizada, y una ciudadanía desmotivada por asumir una participación política activa y generar cambios en el régimen político. Otros factores a considerar son la habilidad de las autoridades para reducir la presión internacional, sobre todo en materia de Derechos Humanos. En este ámbito se combinarían los espacios de diálogo con la Unión Europea y algunos gobiernos de América Latina, mientras se preservan las alianzas con Nicaragua, Venezuela, Rusia, China y Vietnam. A los efectos de disminuir la presión en cuanto a los Derechos Humanos, es posible que sean liberados algunos de los manifestantes del 11 de julio que permanecen detenidos, incluso con la mediación de la iglesia católica u otros actores.


El segundo escenario y que me parece posible, es uno similar al ruso. Se combinaría un bajo desempeño económico con uno elevado en el terreno político e institucional. Dicho escenario implica un estancamiento de las reformas económicas que favorece a la élite política y empresarial. Se produce una acumulación capitalista y el crecimiento de algunos sectores de la economía (por ejemplo, los vinculados a la inversión extranjera y a algunos sujetos económicos privados) y de los sectores sociales vinculados con ellos. Esto favorecería a la clase media nacional, en su mayoría de raza blanca, urbana, conectada con empresas transnacionales y la economía global. Al mismo tiempo, se produciría un debilitamiento de las políticas sociales, lo cual aumentaría la pobreza y la desigualdad. Ello afectaría a la mayoría de los ciudadanos, con un especial impacto en las regiones rurales, las mujeres y las personas negras.


En la dimensión político-institucional ocurriría un reciclaje de la élite política que favorece la implementación de un modelo demoliberal. Se establece una precaria gobernabilidad democrática con base en un modelo presidencial. El favorecimiento de la figura del presidente es algo que se verifica en la actualidad, por las prerrogativas constitucionales y legales con que cuenta, a las que se suman las que tiene como primer secretario del Partido Comunista de Cuba. Así, se produciría un auge de la democracia delegativa. Pese a ello se constatan mejoras en materia de Derechos Humanos y el establecimiento de una pluralización política controlada, que no favorece a movimientos sociales y fuerzas políticas de izquierda. En este escenario tendría un peso fundamental un acercamiento a Estados Unidos en condiciones de dependencia, que no se acompañaría de una democratización plena del país, y que afectaría las relaciones con Europa y América Latina.


El tercer escenario, y que también considero posible, es el más desastroso para las autoridades y los ciudadanos. Sería uno basado en el colapso del socialismo de Estado y los efectos nocivos de las reformas fracasadas, ya sea porque solo se implementarían parcialmente, de forma intermitente o no planificada. Se parecería al colapso rumano de 1989. Desde la perspectiva económica se produce el estancamiento de las reformas, aumenta la pobreza y la diversificación de los actores económicos. Esto se combinaría con algunos de los problemas que ya se aprecian como consecuencia de la Tarea Ordenamiento (inflación, mercado negro de divisas, déficit fiscal y comercial, reducción de subsidios, aumento del costo de la vida, etcétera).


Ante esta realidad, en el plano político e institucional la élite incrementa el control y la represión ante el descontento social. Esto generaría inestabilidad social, que tendría algunas vías de escape, pero que no asegurarían a largo plazo la estabilidad en el país. La migración legal e ilegal sería una de esas vías, pero millones de cubanos quedarían dentro del país. Su calidad de vida se deterioraría casi a diario y esto llevaría a otro estallido social como el de julio de 2021. La reacción de la élite sería la represión y el espiral de violencia se generalizaría. Esto llevaría a una implosión social cuyo horizonte límite sería el derrocamiento del Gobierno.


Para cualquiera de estos escenarios, la coyuntura de Cuba es particularmente compleja. La acumulación de problemas económicos estructurales, la débil o casi nula cultura política democrática de la ciudadanía y la incapacidad del Estado para implementar reformas económicas y políticas dificultan una salida democrática al estancamiento actual del país. En todo caso, solo resta esperar para apreciar cuál será el desenlace de esta situación. Mientras, debemos trabajar por un futuro mejor, cuya concreción depende de todos los cubanos.

[1] Este ensayo se basa en tres de los escenarios identificados por el politólogo e historiador Armando Chaguaceda Noriega en ¿Actualización, Ajuste o Abandono? Impacto de las reformas en el desarrollo político institucional y socioeconómico de Cuba: escenarios prospectivos (2010-2013), disponible en https://library.fes.de/pdf-files/bueros/fescaribe/08592.pdf (consultado el 1ro. de julio de 2022). El autor de este material, publicado en 2011, identifica cuatro escenarios. Yo he considerado tres de ellos, debido a que el que reconoce como Estocolmo (deseable), no me parece que ocurra en virtud de la situación actual del país.

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