• Orestes Betancourt Ponce de León

Para mí los modelos ideales son los países escandinavos


Imagen © Cuban Cultural Center of New York

Entrevista realizada al destacado académico Carmelo Mesa-Lago para el dossier, recién publicado por Cuba Próxima, titulado La economía cubana necesita de un “Plan Marshall” para superar su postración.


1- Primero a modo de diagnóstico, ¿cuál es el estado actual de la economía cubana? Preocupa, en especial, la actual inflación.


Hay un problema serio de falta información. Por ejemplo, en CEPAL, “Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2021”, que es el principal informe anual de dicho organismo, aparecen 24 cuadros estadísticos que son relevantes para Cuba y debían darnos una visión comprensiva de la situación de la economía cubana. Pero Cuba solo aparece en dos de ellos, el Producto Interno Bruto (PIB) y el Índice de Precios al Consumidor (IPC). Comparado con otros 19 países de América Latina, incluso Haití tiene más información. En todos los años que llevo investigando sobre Cuba, nunca había existido tan poca información en ese documento. Este vacío significa que, aunque la CEPAL tiene un experto para Cuba, no tiene acceso a información estadística básica de la Isla.


Después de esta aclaración, voy a proveer la información que tengo basada en estadísticas oficiales de Cuba. Comencemos con el Producto Interno Bruto (PIB) a precios constantes. Entre 2016 y 2020, el PIB promedió un -1.3% anual. En el 2020, cayó un -10.9%, la mayor caída en la región excepto Haití y Venezuela. El gobierno da una tasa de crecimiento de 2% del PIB para el 2021. Sin embargo, el “Balance” de CEPAL da para Cuba un 0.5% para el propio 2021, o sea, una cuarta parte de lo que dicen en La Habana. Ese 0.5% de crecimiento se compara con un promedio regional de 6.3% en 2021. Para que Cuba hubiese crecido un 2% tal como afirma el propio gobierno, hay que tener en cuenta que en el primer semestre el PIB decreció un 2%, entonces, en el segundo semestre tenía que haber crecido 4%. Es imposible que fuese así porque todos los indicadores, en especial la producción de azúcar, tabaco, níquel, las exportaciones de bienes y servicios, todas fueron negativas. Por eso creo la CEPAL debe estar en lo correcto y no lo que dicen desde Cuba.


En esta situación, hay que ver cómo se compara la Cuba de hoy con el Período Especial, entre 1990 y 1993, que fue el punto más bajo de la caída económica durante esa crisis. Según el conocido economista Pavel Vidal en el reporte trimestral de Cuba Standard, basado en una encuesta que se hace regularmente, el 67% de los encuestados entre gente de negocios e inversionistas dice que, comparado con el Período Especial, hoy el país está igual o peor, un 38% cree que está igual y un 29% que está peor. Mi impresión es que estamos igual, pero moviéndonos rápido a peor y esto me lo dicen los demás indicadores cubanos además del PIB.


Por ejemplo, el valor de la moneda cubana oficialmente está a 24 CUP por 1 dólar, pero según Reuters, en el mercado negro está 75 por 1, tres veces la tasa de cambio oficial. El blog de El Toque publicado en Cuba pone el dólar a 100 pesos a fines de enero de 2021. Bloomberg recién informó que el peso cubano es la moneda que más se depreció en 2021 en todo el mundo: un 96%.


Tomando al IPC como estimador, es contradictorio que la CEPAL diga que la inflación en Cuba es de 72%, virtualmente igual a la cifra oficial de 70%, cuando por otra parte CEPAL da un quinto del PIB oficial tal como vimos anteriormente. Pavel Vidal ha afirmado y estoy de acuerdo que, aunque la cifra oficial de inflación sea un 70%, esa cifra está subestimada por una razón fundamental: el gobierno no toma en cuenta para calcular la inflación ni el sector privado ni los mercados informales que es donde más se ha disparado la inflación.


Por esto, Vidal menciona que en promedio los precios de los productos han aumentado entre cuatro y ocho veces. Según el Economist Intelligence Unit (EIU), la inflación para el 2021 habría sido un 740% y para el 2022 será de 89%. La inflación se deriva de dos factores fundamentales, la caída de la oferta, o sea lo que se produce más lo que se importa, y que el gobierno sigue imprimiendo CUP sin respaldo de reservas.


En 2021 las importaciones se redujeron un 40% respecto a 2020, una marcada tendencia decreciente que viene desde 1989. Este es un factor que aumenta la escasez y por lo tanto la inflación. La liquidez monetaria, en términos técnicos M-2, que es la cantidad de dinero en manos de la población y en sus cuentas en el banco, para el 2020 fue un 121% del PIB. Para el 2021, el M-2 debió haber sido mayor debido al aumento nominal de salarios y pensiones, solo lo sabremos cuando la ONEI publique los datos de 2021 en septiembre u octubre de este año. Este excedente monetario es dinero con el que no se puede comprar nada, debido a la enorme escasez de bienes y servicios. Esto no ocurría desde 1993.


La formación bruta de capital en relación con el PIB es otro elemento importante para diagnosticar el estado actual y futuro de la economía, porque a mayor esa formación mayor es el potencial de crecimiento económico y viceversa. En 1989 fue aproximadamente un 25%. Desde entonces nunca se ha alcanzado esa cifra. En 2020 fue un 9.9% según la ONEI y hasta septiembre u octubre no sabremos los datos de 2021. Pero las perspectivas no son buenas.


El índice de producción industrial, tomando a 1989 como año base con un valor de 100, fue de 61.3 en 2019 y en 2020 de 53.8 puntos, esto es, un 46.2% menos que hace 31 años con clara tendencia a empeorar.


La producción de petróleo nacional cayó un 22% entre 2010 y 2020. La producción de gas natural entre 2015, que es el punto más alto, y 2020 cayó un 28%. A esto hay que añadirle la caída de importación de petróleo de Venezuela, que en su mejor momento llegó a 104 mil barriles diarios, y que hoy se estima entre 30 y 40 mil barriles diarios. Si bien se está importando petróleo desde Angola y Rusia, estas cantidades son pequeñas en comparación con Venezuela. Hay un déficit en el sistema eléctrico que se manifiesta en que vuelven los apagones.


En cuanto a la agricultura, ganado, pescado y marisco, y manufacturas, 19 de unos 24 productos fundamentales cayeron de 2019 a 2020 o desde un pico en los últimos 10 años, 11 tuvieron una producción física inferior a 1989. Me temo que 2021 habrá sido peor. La zafra azucarera es donde más evidente se hace esta situación. En los 80s, Cuba producía anualmente 8 millones de toneladas de azúcar como promedio. La zafra 2020-2021 fue de solo 792 mil toneladas, 600 mil para el consumo interno y el resto para China que requiere 400 mil, o sea que debe haber habido un recorte en el consumo interno o Cuba haber importado 208 mil toneladas. Para la zafra de 2021-2022, de la siembra solo se ha cumplido un 69% de la meta, por lo que este año será igual o peor.


En cuanto al sector externo, Cuba es una economía abierta por la alta dependencia de las exportaciones, pero sobre todo de las importaciones. Cuando uno revisa el Anuario Estadístico se percata de que hay cuatro o cinco páginas sobre las exportaciones y más de veinte para las importaciones. Entre 1989 y 2020 el valor total de las exportaciones se contrajo un 67%. En el mismo período, las importaciones disminuyeron un 9%. De 2019 a 2020 las exportaciones cayeron un 33% y en el 2021 las importaciones cayeron un 40%.


Durante muchos años Cuba tenía un déficit en la balanza de bienes (se importaban más bienes de lo que se exportaba), pero un excedente en la balanza de servicios (se exportaban más servicios de lo que se importaba), esto último debido a la exportación de servicios profesionales, fundamentalmente médicos, y el turismo. En 2020 por primera vez se produjo un déficit de 100 millones de dólares en la balanza comercial, es decir cuando sumamos la balanza de bienes y la de servicios. O sea, la exportación de servicios no compensó el déficit en la balanza de bienes. Estos resultados serán peores para 2021. Esto se debe fundamentalmente a que desde hace alrededor de seis años Venezuela ha reducido la compra de servicios profesionales y países como Bolivia, Brasil, Ecuador y El Salvador han terminado estos contratos con Cuba.


La exportación de servicios es la primera fuente de ingresos para Cuba, son entre seis y siete mil millones de dólares, aunque esta cantidad hay que reevaluarla hoy a la baja. Luego le siguen las remesas que en los últimos años habían estado entre tres y cuatro mil millones de dólares. Las remesas cayeron un 35% entre 2019 y 2020. Sucede que las remesas llegaban por dos vías, por giro a través de Western Union y “las mulas”. Trump cerró los vuelos en 2020 y prohibió a Western Union operar en Cuba a través de Fincimex, la agencia manejada por los militares cubanos, Biden ha continuado esta política; por ello las remesas disminuyeron de 3,7 mil millones en 2019 a 1,1 mil millones en 2021, o sea, un 71%.


El turismo es la tercera fuente de divisas. El país alcanzó alrededor de 3,300 millones de dólares en 2017 y desde entonces ha ido cayendo. Ahora, estas cifras son una sobrestimación porque hablamos de ingreso bruto y el gobierno no da la cifra del costo de la importación de bienes para el sector turístico. Alcanzando un pico en 2018, Cuba recibió 4.7 millones de visitantes internacionales. Cifra que se desplomó a 1 millón en 2020 y a 356 mil en 2021. O sea, una caída de 92% en 2018-2021, mientras que el gobierno afirma que el ingreso por turismo cayó un 80% entre 2017 y 2020. Es de esperar que los ingresos de 2021 hayan sido bien pocos. En todo esto influyó la prohibición de la administración Trump a los cruceros de ir a Cuba y la pandemia. La tasa de ocupación hotelera de 2019 ya era del 48%. Para 2020 y 2021 es de suponerse que la tasa sea mucho más baja, entonces es paradójico que se sigan construyendo hoteles invirtiendo millones de dólares en ello.


Poco a poco la tendencia del sector no estatal era a crecer mientras el sector estatal decrecía hasta el 2020 cuando el sector privado disminuyó 1.3% y el por cuenta propia 2.4%. El sector no estatal incluye, además de los trabajadores por cuenta propia, a los usufructuarios, las cooperativas agropecuarias y no agropecuarias y a los campesinos privados. Esto sucede por el coronavirus y las sanciones de los Estados Unidos que afectan por ejemplo a trabajadores que dependen del turismo, unido a las prohibiciones y regulaciones del gobierno cubano que obstaculizaron la supervivencia de estos negocios en este difícil escenario.


La inversión extranjera directa es otro elemento importante. Cuba tiene una meta de 2,500 millones de dólares anuales que no se ha cumplido. En mis cálculos distingo entre promesas y contratos firmados, estos últimos solo han promediado 500 millones en los últimos años. Por esta razón la CEPAL no incluye a Cuba en los montos de inversión extranjera directa porque no confía en los datos que se ofrecen desde La Habana. Las inversiones están virtualmente paralizadas y en esto influyó mucho que a principios de 2019 la administración Trump no haya suspendido el Título III de la Ley Helms-Burton. Esta cláusula se venía suspendiendo cada seis meses desde 1996 con la administración Clinton. El Título III permite demandar a cualquier persona o entidad que trafique, así lo dice esta ley, con bienes confiscados por el gobierno cubano desde 1959. La Ley autoriza las reclamaciones de personas que eran ciudadanos norteamericanos en ese entonces o de cubanos que posteriormente adquirieron la nacionalidad estadounidense. El Departamento de Estado estima el valor de estas propiedades y las demandas en miles de millones de dólares. Hay más de cuarenta demandas, pero hasta donde conozco, ninguna ha prosperado. Sin embargo, el efecto práctico es que esto paró la inversión extranjera, incluso algunas empresas españolas se fueron de la Isla.


La deuda externa es otro indicador que no aparece en las estadísticas de la CEPAL, ni en términos absolutos ni como porcentaje del PIB. Además, Cuba solo hace público el monto que ellos han restructurado, no la cantidad total inicial de deuda contraída. Sin embargo, han tenido éxito en que los acreedores hayan condonado las deudas, por ejemplo, Rusia, China y el Club de París (compuesto por 14 países desarrollados como Austria, Gran Bretaña, Francia, España, Italia, Suiza, Japón y otros). Ahora, en la mayor parte de estos acuerdos se condonó el capital, pero no el interés. Cuba le dejó de pagar al Club de París en octubre de 2020. Esta institución solo le dio una extensión a Cuba hasta el 2022 y la penalización por impago es de hasta un 9%. Hay que ver este año como evoluciona esta situación. Cuba no pertenece al Fondo Monetario Internacional (FMI), ni al Banco Mundial (BM), ni al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), solo pertenece al Banco de América Central que dio un préstamo para las vacunas cubanas. Comparado con el resto de los organismos internacionales, este es un préstamo pequeño.


Para concluir, el déficit fiscal de 2020, la diferencia en el presupuesto estatal entre los ingresos y egresos es un 17.7% según el propio gobierno. Creo es el déficit más alto en los últimos 20 años. Se estima que para el 2021 sea un 30%, sin duda el mayor desde los años 90. Para tener un punto de comparación, acorde con la CEPAL, el promedio del déficit en América Latina para el 2020 fue de 6.9% y para el 2021 de 5%. Esta última cifra todavía por consolidar. En 2020 tuvimos dos veces y medio más déficit fiscal que América Latina y para 2021 probablemente sea seis veces. En cuanto a las reservas internacionales, Cuba no reporta estas, pero es muy probable que sean muy reducidas.


2- A pesar del reciente reconocimiento en documentos oficiales, la expresión propiedad privada fue borrada del vocabulario durante seis décadas y hoy todavía hay aversión hacia ella, incluso entre intelectuales que se oponen al régimen percibo una alergia al uso del término. ¿Cuál es, en su opinión, el rol que debe tener la propiedad privada nacional y extranjera en la Cuba futura? En paralelo, ¿cuál sería el rol del Estado? ¿cuál sería el alcance de la propiedad pública? ¿Qué estrategia seguir con el fin de potenciar la mayor eficiencia de estas formas de propiedad?


Anteriormente vimos el estado actual de la propiedad privada en Cuba y como la tendencia a crecer se detiene en 2020. Hay un problema fundamental y es que durante muchos años el término propiedad privada no se utilizaba en Cuba. Por ejemplo, en lugar de hablar de “campesinos privados”, se decía “pequeños campesinos”. La palabra privada estaba prohibida.


Hay una serie de indicadores que permiten comparar a Cuba, que es un modelo de planificación central con reformas económicas mínimas e inefectivas, con el modelo de socialismo de mercado de China y Vietnam. Para mi sorpresa, no solo encuentro que estos países han superado a Cuba en materia económica, esto estaba claro, sino que también hay indicadores de desarrollo social en los que Cuba les superaba pero que hoy ya no es así. En China y Vietnam la propiedad privada ha sido esencial y es la más dinámica. El porcentaje de la participación privada en las economías china y vietnamita comparado con la cubana es enormemente superior.


No creo que China y Vietnam sean modelos ideales, como sistema general, a seguir. Son países donde no hay democracia. Para mí los modelos ideales son los países escandinavos. Ahí la propiedad privada es importantísima, aunque hay un Estado que regula e interviene en situaciones donde el mercado no actúa. En nuestra región esto sucedió por ejemplo con Costa Rica en la época de José (Pepe) Figueres cuando el Estado cubría las deficiencias del mercado y además exitosamente implementaron un sistema de impuestos progresivos unido a un Estado de bienestar social.


3- Sobre la inversión extranjera que tanto necesita el país, ¿dónde buscarla y qué sectores de la economía priorizar de ser posible? ¿Cuál es el potencial de inversión de la diáspora cubana?


Ya vimos el estado actual de la inversión extranjera. Francamente hay que priorizar todos los sectores de la economía porque no hay uno que no lo necesite. Incluida la salud. En China y Vietnam el sector privado en la salud compite con el público y los individuos pueden escoger. Es absurdo planificar qué sector priorizar tal como se hace con las ferias internacionales todos los años en Cuba. En todos hay que alentar la inversión.


La participación de la diáspora es muy importante. Carlos Saladrigas ha intentado esto por años. De hecho, cubanos en Estados Unidos y España invierten en el sector por cuenta propia, pero técnicamente es ilegal. Aunque hace unos meses el gobierno dijo que abrían las puertas al capital de la diáspora para invertir en micro, pequeñas y medianas empresas privadas (MIPYMES), todavía faltan las garantías legales y las instituciones para dar una confianza que no existe hoy entre los cubanos fuera de la Isla.


4- ¿Qué políticas serían necesarias para asegurar que los ciudadanos cubanos, sobre todo los residentes en la Isla puedan acceder con celeridad y de manera suficiente a créditos que les permitan desarrollar emprendimientos?


Se ha demostrado en el mundo que el crédito a las PYMES es productivo y eficaz. La revolución del microcrédito es un caso paradigmático del desarrollo internacional. Por ejemplo, en Bangladesh, el banco Grameen ha operado con éxito desde 1983. En Cuba el monto que el gobierno asigna para créditos es ínfimo. Hay que aprender de estos ejemplos en otros países.


5- ¿Cuáles son las instituciones financieras internacionales (IFI) a las que Cuba debe integrarse con la mayor prontitud posible? ¿Cuáles serían las ventajas? ¿Cuánto crédito internacional necesita el país y cómo no hipotecar el futuro?


Tanto China como Vietnam primero entraron al BM, luego al FMI, y finalmente a la Organización Mundial del Comercio (OMC). Mientras más estos países se han integrado a organismos y pactos comerciales, se han hecho más competitivos y se ha ampliado la facilidad de hacer inversiones.


Ahora, sucede que muchos de estos organismos internacionales han utilizado la deuda como mecanismo para imponer reglas y regulaciones que llegan a ser pesadas. La privatización de las pensiones es un problema, por ejemplo. El BM ha sido dogmático con esto de las pensiones y, sin importar el diagnóstico específico de cada país, quieren imponer el modelo chileno de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) a una enorme cantidad de países. Esto ha sido problemático y el costo de transición del modelo público al privado en las pensiones fue muy alto en muchos países. Prefiero los modelos de Costa Rica, Uruguay y Panamá donde hay una mezcla de modelos de pensiones público y privado. Si ellos pudieron mantener su criterio particular, Cuba también lo puede en un futuro. Debemos tratar el tema de la condicionalidad de los préstamos.


A pesar de esto, Cuba en el futuro no puede darle la espalda a ser parte de estas instituciones. Aunque el gobierno hoy lo niegue, ellos saben que lo necesitan, lo que no pueden porque la Ley Helms-Burton prohíbe a Cuba entrar al BM como consecuencia del actual sistema político.


6- ¿Cómo elaborar un sistema tributario eficiente después de heredar un aparato económico y financiero con tantos defectos?


Hace unos años en la revista Temas publiqué un trabajo donde demostré que los impuestos en Cuba son regresivos porque se basan más que nada en un impuesto al consumo, en lugar de ser un impuesto progresivo sobre la renta. En el sector estatal, que abarca casi toda la economía, hay impuestos en las operaciones que se terminan pasando al consumidor. Ahora, el porciento de la renta del Estado que viene de los impuestos sobre el consumo ha disminuido y lentamente el de los impuestos a los ingresos ha aumentado gracias al sector por cuenta propia. Pero el sistema es regresivo y los más afectados son los pobres en un país que en teoría es socialista. Esto hay que cambiarlo y elaborar un sistema eficiente de tributación progresiva.


7- ¿Cómo asegurar una salud y educación de calidad y asequible? ¿Cuáles son los problemas que hoy enfrenta Cuba en materia de bienestar social y cuáles son las posibles soluciones? ¿Cómo enfrentar el desafío de las pensiones en un país donde el envejecimiento poblacional es ya un reto?


Lamentablemente, cuando leemos sobre Cuba en algunos medios periodísticos, hay quien dice que, aunque económicamente el país no ha avanzado, “las conquistas sociales” son importantes porque han dado educación y salud gratuita a todos. Utilizando estadísticas del propio gobierno, sistemáticamente he demostrado que no es cierto. Hasta 1989 Cuba se colocaba a la cabeza de América Latina en indicadores sociales y de educación. A pesar de la recuperación parcial de la crisis de principios de los 90s, los indicadores económicos que mencioné arriba como el índice de producción industrial te dicen que la crisis no ha terminado y esto se refleja en los indicadores sociales.


Antes de 1959, Cuba estaba a la cabeza de América Latina en salud, pero esto era en los centros urbanos. En el campo la diferencia era inmensa. Por ejemplo, el índice de mortalidad infantil era casi el doble en áreas rurales. Con el analfabetismo sucedía lo mismo, era el doble o más en el campo. Después de 1959 se construyeron hospitales en el campo, la salud se hizo gratuita, y se estableció un sistema de atención primaria con los médicos de familia. Todo esto fue un logro, pero después de 1989 todo eso se cayó. A pesar de la ayuda que posteriormente se recibió de Venezuela, no se logró restablecer los indicadores de salud de antes de 1989, y esto es lo mismo que sucedió con la producción agrícola e industrial, por ejemplo.


El acceso a los servicios de salud se sigue deteriorando porque, de acuerdo con estadísticas oficiales, la mitad de los médicos de familia están en el extranjero de misión. Cuba cerró todos los hospitales rurales, está en la propia ONEI. Ahora las personas que viven en el campo son remitidas a hospitales regionales, lo que dificulta mucho el tema del acceso y tiempo de atención y seguimiento en caso de emergencias. La última estadística de mortalidad materna, según el propio Granma hace apenas un mes, aumentó de 40 por cada 100 mil nacidos vivos en 2020 a 176.6 por cada 100 mil nacidos vivos en 2021. Esto retrotrae Cuba a 1955 cuando la cifra fue incluso más baja, estamos hablando de niveles de los años 40. La mortalidad infantil es otro indicador importante. Hay ya varios trabajos serios, publicados en revistas científicas de prestigio, que demuestran como el gobierno cubano subestima las cifras de mortalidad infantil. Además de que hay un programa de abortos para las madres a las que se les detecta algún problema para ella o el feto. Cuba tiene la tasa de abortos más alta de toda América Latina. Esto por supuesto hace disminuir la tasa de mortalidad infantil. Incluso con las cifras oficiales, este indicador empeora. En el 2020 fue de 4.9 por cada mil nacidos vivos y en el 2021 de 7.6. La esperanza de vida al nacer no la publican desde el 2012. Si la ONEI no publica esta cifra, es de esperarse se debe a un marcado deterioro en este indicador. Ya son diez años sin publicar esta información.


La tendencia en el porcentaje que se dedica en el presupuesto del Estado a salud y educación es decreciente, lo que se acentúa con la crisis actual. Un graduado universitario hoy no tiene las mismas cualificaciones de uno graduado en los años 80. La calidad de los médicos cubanos cuando salen al exterior es debatida por los médicos en esos países.


El sistema de pensiones en Cuba no es financiable. Antes de la reforma de retiro de 2008, las edades de retiro eran de las más bajas de América Latina. Hoy Cuba es el país más envejecido de la región. Se suponía que Cuba iba a sobrepasar en envejecimiento a Uruguay en el 2025, pero lo sobrepasó hace cinco años. Esto es un problema esencialmente económico porque las parejas no quieren tener hijos por las malas condiciones económicas, de vivienda, de alimentación, etc. La población cubana decrece y envejece a un ritmo acelerado. Entonces, la reforma de 2008 aumentó la edad de retiro cinco años, 60 las mujeres y 65 los hombres, y tienen que subir más esas edades, pero esto tiene un costo político porque es impopular. Ajustadas a la inflación oficial, seguramente subestimada, en el año 2020 el valor real de las pensiones era un 53% comparado con 1989. El sistema no es financiable a largo plazo y no tiene un fondo de reserva como en todas partes del mundo. Aunque las reformas de 2008 aumentaron las cotizaciones de las empresas estatales y los cuentapropistas, el déficit (ingresos menos egresos) para cubrir las pensiones solo bajó por tres años. En 2019 y 2020 este déficit aumentó y las proyecciones que hemos hecho muestran que para 2040 las pensiones no son financiables. Tienen que subir la edad y la cotización. A fines de 2021, el propio Marino Murillo reconoció que la pensión mínima es de 1,528 CUP mensuales mientras que la canasta básica mensual cuesta 2,821 CUP, o sea, la pensión solo cubre un 54% de lo necesario para vivir.


La pobreza se ha extendido, aunque el gobierno nunca ha publicado cifras oficiales y eufemísticamente define a los pobres como población vulnerable. Desde principios de los años 2000, especialistas en el tema como Mayra Espina Prieto vienen advirtiendo de un aumento de la incidencia de la pobreza y lamentablemente no se ha ampliado la red de asistencia social. Por una parte, de 2006 a 2020 el gasto en asistencia social como porciento del PIB se redujo de un 2.2% a 0.3% y el número de beneficiarios de asistencia social por cada mil habitantes se desplomó de 5.3 a 1.7. La red de protección social se ha constreñido drásticamente. La situación de los adultos mayores en Cuba es de las más difíciles de América Latina.


8- ¿Cuáles elementos deberían ser centrales en una estrategia de desarrollo que procure la evolución proporcional y equitativa de todos los territorios del país?


Lo primero es incrementar la producción y para ello hay que hacer reformas profundas. Hubo dos grandes errores en la unificación monetaria actual, el primero es que lo hicieron en el peor momento y todos los economistas de dentro y fuera de Cuba estamos de acuerdo. Estas reformas tenían que haberse hecho a inicios de los 2000 cuando Hugo Chávez estrechaba sus vínculos políticos y económicos con Cuba. Por cierto, Venezuela proporcionó a Cuba entre 2006 y 2017 unos 100 mil millones de dólares, más que la URSS que en 30 años dio unos 65 mil millones. El segundo es que antes tenían que haber hecho reformas tal como ya lo habían hecho China y Vietnam. Como el dicho, pusieron la carreta delante de los bueyes.

9- De los países que tuvieron una transición exitosa de una economía de planificación central a una de mercado, pienso y es mi opinión particular, en Estonia, Polonia o República Checa, ¿qué podemos tomar de ellos? A la vez, ¿qué debemos aprender de otros que replicaron esquemas del estatismo anterior y degeneraron en una suerte de “capitalismo de compadres” depredador? Pienso por ejemplo en Ucrania. ¿Gradualismo o reformas profundas y rápidas? De hacerse bien, y esta es una pregunta de alto riesgo y tal vez ingenua, ¿en cuánto tiempo Cuba puede mostrar una economía sólida que nos ponga a la cabeza de la región?


En un trabajo con Jan Svejnar, autor de las reformas económicas checas y candidato presidencial en 2008, distinguimos el crecimiento real del PIB entre los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), que eran parte de la URSS (Kazajistán, Azerbaiyán, Moldova, etc.) y el resto de los países de la Europa del Este. Tomando a 1989 como año base y dándole un valor de 100 a su PIB real, los países que mejor resultado han tenido son primero Eslovaquia, segundo Polonia, y luego con similar puntuación Estonia, Bulgaria, Eslovenia, República Checa, Letonia y Hungría.


El problema con las terapias de choque es el incremento del desempleo y de la incidencia de la pobreza. El costo social de las terapias de choque es alto y tiene que haber una red de protección social financiada por el Estado. Las empresas que tuvieron pérdidas hubo que cerrarlas y despedir a los trabajadores. La mayoría tenían subsidios estatales, como es hoy el caso de Cuba. En Cuba decretaron un año de transición en 2010 para despedir a medio millón de trabajadores. Lo que el gobierno llamaba “nóminas infladas”. El plan a largo plazo era despedir y asimilar en el sector no estatal a 500,000 trabajadores en 2010, un millón en 2011 y 1.8 millones entre 2011 y 2015. Política y socialmente esto era imposible porque el sector por cuenta propia se extendió, pero no lo suficiente para absorber todo el excedente, por lo cual se habría aumentado muchísimo el desempleo visible.


El problema no es que Cuba tenga 1.4% de desempleo abierto, de las tasas más bajas del mundo, el problema es el subempleo que es aproximadamente un 29% de la fuerza laboral. Esta es una de las causas de la baja productividad y los bajos salarios.


En 2021, las empresas estatales siguieron recibiendo subsidios, y el propio Marino Murillo reconoció en noviembre que hay unas 545 empresas con pérdidas de un total de 1,705, o sea, casi un tercio. Los subsidios a estas empresas estatales que dan pérdidas se llevan una buena parte del presupuesto. Hay que dejar que esas empresas no competitivas cierren.


Habrá desempleo abierto, por eso hay que crear una red de protección social para aquellos que sean perjudicados por las reformas.


10- Por último, en un proceso de reformas ¿cuáles son las tres primeras medidas económicas que usted tomaría?


Primero hay que aumentar la producción y controlar la emisión monetaria para expandir la oferta y disminuir la demanda.


Para conseguir esto, primero yo comenzaría por la agricultura. El peor problema que tiene Cuba hoy es la escasez alimentaria porque no producen y no tienen recursos financieros para importar. En China, donde millones habían fallecido en hambrunas, la primera reforma que hicieron fue la agricultura. En China y Vietnam, los agricultores, sean de una cooperativa, un pequeño productor privado o una granja estatal, deciden qué sembrar. El Estado no les dice siembra “esto”. Los campesinos se guían por el producto que les sea más rentable. Luego, los agricultores deciden a quién le van a vender, lo que terminaría con el Acopio que conocemos en Cuba. Incluso en publicaciones oficiales dentro de Cuba como Granma, Juventud Rebelde o Bohemia uno se encuentra críticas durísimas a Acopio. Por último, en los dos países asiáticos, el precio de los productos se fija por la oferta y la demanda. Con esta sencilla fórmula, en seis años estos países salieron de situaciones de hambrunas periódicas a satisfacer sus propias necesidades y exportar. Por ejemplo, hoy Vietnam es el tercer exportador de arroz a nivel mundial.


En segundo lugar, hay que garantizar la existencia de la empresa privada, que se multipliquen y sean competitivas. Hay que eliminar los sinsentidos de temer a la “concentración de la riqueza” y esas teorías retrógradas que escuchamos en los congresos del partido comunista. Eso se puede resolver con un sistema tributario progresivo, como he discutido, que ponga impuestos al grupo de ingreso superior y use los recursos para financiar la red de protección social al grupo de ingreso inferior.


Por último, hay que incentivar la inversión extranjera en todo. Permitir a la comunidad cubana en el exterior que invierta. Por ejemplo, Hong Kong fue esencial en el despegue económico de China y Cuba necesita aprender de este tipo de experiencias.


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