• Mario Valdés Navia

Para la salud de la patria


Foto © El Toque

La crisis del modelo de socialismo estatista-burocrático cubano, iniciada en lo económico desde los años ochenta y acentuada tras la desaparición de la URSS y el campo socialista, alcanzó ribetes de desastre con el Período Especial (1990-2004). Desde entonces, era evidente la necesidad de un nuevo contrato social que dejara atrás el régimen estatizado en pos de una sociedad más plural, descentralizada y democrática. Para la salud de la patria, el tránsito inacabado ha sido demasiado largo y agónico. Ya Martí había postulado que para garantizarla: “[…] toda medida previa, todo acuerdo previsor, toda prudencia son pocas”.[1]


La respuesta del Gobierno/Partido/Estado a la desaparición del socialismo real y el anuncio de sus adversarios de su inminente descalabro, fue el acogerse al nacionalismo y la defensa de las conquistas de la Revolución. Si bien los elementos independentistas y antimperialistas del pensamiento martiano fueron reasumidos como sustento de la ideología dominante ante la crisis del marxismo-leninismo, sus criterios democráticos sobre el verdadero interés patrio fueron olvidados exprofeso. Entre ellos que: “Todo lo de la patria es propiedad común, y objeto libre e inalienable de la acción y el pensamiento de todo el que haya nacido en Cuba. La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie”.[2]


El principal obstáculo al progreso sustentable de la nación en el entorno globalizado del siglo XXI −agravado por la confrontación permanente con los EEUU y su pertinaz embargo/bloqueo económico comercial y financiero−, ha sido el rumbo lento, errático y coyuntural de las necesarias reformas. Entre sus causas fundamentales se encuentra la demora en consolidar un proceso de reconciliación nacional y extensión de las transformaciones al ámbito político y social, en tanto que los pilares del régimen socialista burocrático (hegemonía del partido único, Estado totalitario y planificación centralizada) se han declarado intocables.


Los acontecimientos del 11J sacaron a un primer plano la necesidad de desterrar del escenario político cubano los extremismos radicales, respetar los derechos democráticos reconocidos en la Constitución 2019 y optar por un dialogo nacional inclusivo, que rebase los procesos de consulta popular no vinculante que el Gobierno/Partido/Estado presenta como el súmmum de la democracia socialista.


Mucho habrá que bregar para lograrlo, pues este largo escenario de enfrentamiento ha condicionado que prevalezca al interior de Cuba una actitud de plaza sitiada —con su correlato de cohesión, entrega incondicional y lealtad al líder— y represión de todo tipo de disidencia por considerarlas un servicio a la potencia extranjera enemiga. Aún prevalece una visión dicotómica extremista entre adversarios y partidarios de la Revolución que se nutre de posturas beligerantes y deja estrecho margen para la libre expresión de un pensamiento crítico objetivo.


La permanencia dilatada de esta confrontación ha actuado a favor del grupo de poder burocrático hegemónico que emplea todos los mecanismos estatales para imponer e inculcar principios, valores y significados conformes a sus intereses. Para ello dispone de un sistema de reproducción cultural controlada donde la enseñanza autoritaria escolarizada y el ecosistema de medios oficiales, propagandísticos y timoratos, ocupan un lugar central.


Desde 2019, el agravamiento de la situación socioeconómica debido a los errores y fracasos de las políticas domésticas, el recrudecimiento de las sanciones por la administración Trump y la pandemia de la covid-19, no vino solo. La entrada tardía pero impetuosa de la conexión por datos móviles y las redes sociales (diciembre, 2018) fomentó la aparición de nuevos espacios de socialización donde la falta de cultura democrática provocó la extensión de una creciente polarización ideo-política. La necesidad del diálogo nacional se torna más apremiante.


El refranero popular dice: “Solo los pozos se construyen de arriba hacia abajo. Lo demás ha de levantarse desde el suelo y con bases sólidas”. Hasta que el Gobierno/Partido/Estado no se abra a la libre expresión y debate de las ideas políticas de la ciudadanía, cualquier modificación en la estructura económica del país quedará trunca. Es hora de que representantes de las diferentes tendencias políticas que hoy coexisten en la sociedad cubana se sienten a negociar el presente y futuro de la patria cubana en una mesa de diálogo y reconciliación que parta de que: “Patria es eso, equidad, respeto a todas las opiniones y consuelo al triste”.[3]

[1] “Los Estados Unidos y México”, Revista universal, México, 3 de julio de 1875, Anuario Centro de Estudios Martianos, no. 5, 1982, p.9. [2] “Discurso en conmemoración del 19 de octubre de 868, Hardman Hall, New York, 10 de octubre de 1889, Obras Completas (OC), tomo 4, pp.238-239. [3] José Martí: “Cuadernos de apuntes”, 1892-1894, OC, t.21, p.367.

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