• Miguel Alejandro Hayes

Para combatir la pobreza en Cuba


Imagen © Theo McInnes

La riqueza y la pobreza


La primera gran obra de Economía en la modernidad[1] buscaba respuesta a una pregunta: ¿por qué hay diferencia en los niveles de riqueza de las naciones? O lo que es lo mismo: ¿por qué unas naciones son pobres y otras ricas? Y es que la pobreza puede sintetizarse como una determinada magnitud de ausencia de riqueza.


Si bien en un primer momento la explicación de aquella investigación parecía centrarse en que la desigualdad de las naciones podía deberse a los niveles y liderazgos productivos en el mercado mundial, también daba pinceladas a otra arista: a lo interno de las naciones que generan más riqueza, se da el contraste riqueza-pobreza.


Autores posteriores,[2] y toda una corriente heterogénea, han abordado ese problema a lo interno de las naciones desde la cosmovisión de la distribución (también las relaciones entre naciones se miran desde ahí).


Así, en la actualidad, en dependencia del lugar geográfico, la pobreza puede asociarse a una combinación de los niveles de riqueza generados y la distribución de esta, es decir, estimar la pobreza como expresión de la poca producción y de la desigualdad. Luego, una labor activa o una política pública contra la pobreza implican una acción contra la fatídica combinación de poca generación de riqueza y de desigualdad en la distribución de esta, por ejemplo.


Y si se entiende por riqueza los valores de uso de una sociedad, es decir, el conjunto de bienes y servicios que sirven tanto para consumirlos como para ser transables (vendidos), una sociedad caracterizada por la escasez no es más que un eufemismo para designar a aquellas en las que se genera poca riqueza, dígase pobre (a lo que se le añade la acentuación asociada a la distribución).


Por último, desde un punto de vista individual, la pobreza puede verse simplemente como la incapacidad de acceder a un conjunto de esos valores de uso, específicamente los que determinan ciertas condiciones de vida. Así, la pobreza de un ciudadano es tener ingresos por debajo de los requeridos para satisfacer necesidades básicas, dígase incapacidad de consumo.


La producción y la escasez


La escasez en Cuba es crónica. Al menos desde la década de los sesenta, esta reaparece en ciclos de mayor o menor intensidad, a veces de productos puntuales, a veces de toda una cesta de bienes. Hoy ese fenómeno se hace notar mucho, y no solo en alimentos.


A falta de un índice de escasez, como por ejemplo los que ha publicado Venezuela en varias ocasiones, y teniendo en cuenta la estrecha relación entre la escasez y la inflación en Cuba, un indicador aproximado para el archipiélago son los altos precios, y la magnitud de variación de dicha escasez, la inflación.


Adicionalmente, si lo anterior no resulta suficiente como evidencia de la escasez en Cuba, siempre puede verse a través de la ilustrativa y clara aritmética, la cual revela que 1) un salario mínimo en Cuba no llega a cubrir 2,5 cartones de huevos, un alimento básico y tradicional en la dieta cubana, y 2) los salarios más elevados (entre los 15 000 y 20 000 CUP al mes), asociados a primas por rendimiento y por demás solo para un grupo reducido de trabajadores,[3] son de los pocos que alcanzan para una vida medianamente digna, lo que lleva a pensar, desde la propia dinámica salarial oficial, la clara presencia de desigualdad, marcando diferencias estructurales de peso (un salario mínimo no alcanza para vivir, mientras uno de los más altos alcanza apenas).


Por otro lado, el bajo salario en relación con los precios (producto de la escasez), las malas condiciones de la vivienda y la imposibilidad de mejorarla, el transporte, la falta de acceso a una alimentación saludable, la imposibilidad de acceder a un mínimo de bienestar material, sobre todo de lo imprescindible para vivir, sitúa de facto, a una parte significativa de la población cubana, en una zona que podría clasificar como situación de pobreza.


La distribución y la desigualdad


Al igual que con la escasez, hay silencio de datos oficiales sobre la desigualdad, así como registros de cifras para la elaboración propia de indicadores. Sin embargo, la desigualdad no es un secreto en la arquitectura y el estado constructivo, en el acceso a transporte, a los tipos de alimentos, a la recreación. Se sintetiza en la fuerte contradicción entre las esquinas llenas de largas colas (inherentes a la escasez) y los lujosos y europeizados centros nocturnos de La Habana. Esto deja al descubierto, simbólicamente, la pobreza existente como expresión de la desigualdad, es decir, que hay poco, y que su distribución deja a algunos en condiciones de pobreza.


Además, incorporando la lógica aportada por el economista José Gabriel Palma, la desigualdad es un fenómeno que se determina entre los extremos sociales de pobreza y riqueza, lo cual sugiere que lo importante de esa desigualdad se concentra entre el 40 por ciento más pobre y el 10 por ciento más rico.


En Cuba podríamos estar ante un caso de pobreza en tanto nación que genera poca riqueza, y que distribuye la poca que hay de manera desigual entre la ciudadanía.


Enfrentar la pobreza


En cualquier lugar, la pobreza suele ser un problema enraizado, estructural, resultado de un proceso de acumulación de causas. De ahí que encontrar la solución equivale a explicar la lógica del todo económico, hallar sus fracturas. En otras palabras, si de rigor se trata, plantear cómo eliminar la pobreza de una sociedad es explicar el camino a transitar desde el subdesarrollo (nombre eufemístico de país en pobreza) hasta el desarrollo, pasando por el camino de la generación de riqueza suficiente y su distribución con tendencia a la igualdad. Se trata, teóricamente, de un hito para el que escuelas enteras no han sido suficientes. En cambio, si bien un cuerpo teórico abarcador se hace complicado, desde las políticas públicas, a partir de cúmulos de experiencias, pueden establecerse pautas que resulten de ayuda.


En el caso cubano, luego de décadas de una suerte de modelo económico, hay todo un arsenal de hechos que dejan enseñanzas a la hora de definir un esquema institucional, de trazar políticas públicas, y la comunicación de estas.


Algunas experiencias


Pensando en el objetivo inminente de enfrentar la pobreza, de transitar hacia la generación de riqueza suficiente, con una distribución que tienda hacia la igualdad, presento a continuación lo que considero han sido algunos de los errores de concepción más importantes en materia de economía en los últimos sesenta años, y que, en una Cuba próxima, no deben repetirse bajo ningún color ideopolítico si se quiere luchar contra la pobreza.


Debates públicos improductivos sobre economía


Durante décadas, ha habido diversos debates originados en la dirección del país, asociados a decisiones económicas. La mayoría han representado un desgaste para la ciudadanía, dejando fuera los intercambios asociados a decisiones importantes. Ello pasa por la difusión del llamado Gran Debate, al cual los divulgadores dieron una trascendencia filosófica, cuando su núcleo no era más que cuestionar si a lo interno de los supermonopolios estatales de la época tenía sentido que los productos, al pasar de un eslabón a otro, fueran tratados como mercancías o no. Este debate podía resolverse a partir de esquemas de integración (algo muy típico en la formación de monopolios) y acompañarlo con herramientas puramente administrativas, pero alcanzó dimensiones desproporcionadas en materia de comunicación. Mientras ese debate ocurría, se desatendían aspectos tan importantes (que hoy siguen siendo una nebulosa en Cuba) como pueden ser quién crea las empresas cubanas, bajo qué criterios económicos, quién certifica esos criterios, quién tiene la última palabra, qué transparencia tiene ese proceso, quién y cómo responde si una empresa fracasa.


La lista de debates podría incluir los lineamientos aprobados en 2011, donde la ciudadanía cubana intercambió sobre si abrir paso o no a un rudimentario sector privado (sacado de circulación con una limpieza llamada equivocadamente Ofensiva Revolucionaria), cuando en realidad esa apertura resultaba inevitable en tanto el Estado cubano no podía seguir asumiendo, dada la cantidad de empresas improductivas que tenía, todos los gastos de salarios. No era una cuestión de decisión o no. Sin embargo, sobre lo verdaderamente importante que iba a ocurrir en el rumbo del país, es decir, la aceleración de la militarización de la economía, no hubo debate.


Negar la presencia y necesidad del mercado


El mercado es la estructura de asignación de recursos propia de las relaciones humanas enmarcadas en la división (social) del trabajo y la diferenciación correspondiente a la hora de valorar la participación individual en la creación de riqueza social.


No crear mecanismos para que las empresas de propiedad estatal funcionen como empresas públicas. Las empresas estatales, sin estar sometidas de algún modo al control de la ciudadanía mediante los poderes públicos, son solo las empresas privadas de las élites y los cuadros que las dirigen, ya sea desde ministerios, OSDE y la propia dirección del país. Es decir, sin mecanismos democráticos efectivos, las empresas estatales no son públicas, sino privadas, de las élites, dígase empresas propiedad privada de los gobernantes.


La condición de monopolio ejercida por empresas privadas del Gobierno. Cuando la condición de monopolio la ejercen las empresas privadas del Gobierno y funcionarios asignados, se tiene un fatídico capitalismo. Imponen bajos salarios (lo que empuja a sus empleados a cometer delitos y a acercarse a vías informales de buscar ingresos), condiciones laborales y términos de contrato desfavorables, perdiendo los empleados su derecho al bienestar y a formas de conquistarlo (como puede ser el poder crear sindicatos independientes). Además, esos monopolios imponen la cesta de consumo para los ciudadanos, ya sea con su inconsistente política de importación de bienes o con la pésima conducción y gestión de la matriz productiva nacional. Por último, imponen precios en función de las necesidades de las élites y de los que se empapan y benefician con el derrame de cuotas de poder.


El Gobierno como administrador de empresas


La función del Gobierno a nombre del Estado como administrador de empresas (de todo un ecosistema de estas) es un problema económico que ha arrastrado la concepción de socialismo estatista utilizada en Cuba. Se trata de una confusión de conceptos como Estado, Gobierno y (lo) público, además de la imposibilidad de esa concepción de crear y convertirse en un cuerpo legal e institucional eficaz que acompañe la generación de riquezas.


Diseñar políticas monetarias que solo son fachadas de instrumentos de recaudación de divisas


El último gran ciclo de reformas monetarias en Cuba fue iniciado con la entrada del dólar en circulación y su combinación y compleja relación con el CUC y su actualización (la MLC). Estas reformas han mostrado marcadamente que su objetivo principal se aleja de lo que se entiende convencionalmente como política monetaria, apostando, en su lugar, por la recaudación de divisas. Es decir, hemos tenido políticas recaudatorias disfrazadas de políticas monetarias, teniendo como resultado el ignorar la necesidad de buscar determinados equilibrios monetarios en función de la estabilidad de precios y el funcionamiento de la estructura productiva prevista en un proyecto de desarrollo nacional consensuado, así como el fortalecimiento de la moneda nacional, que es lo que suele buscar una política monetaria.

Insertarse en el comercio internacional a base de afinidad política


La inserción de Cuba en el mercado internacional debe ser sobre la base de una competitividad real, es decir, que Cuba entre en cadenas de valor internacional o en la exportación, ya sea de bienes o servicios, no mediante el favor de una potencia extranjera o de otra nación, en vez de haberse ganado un espacio de mercado en ambiente de competitividad y sin crear un vínculo orgánico con esa demanda externa. Ello solo enraíza la condición de subdesarrollo y deja el país a expensas de los ciclos políticos de otras naciones.


Imponer un tipo de relación de propiedad y de comercio en la agricultura


El esquema actual aplicado a la tierra en Cuba no funciona. La colectivización de la agricultura en cualquiera de sus variantes, así como el régimen de usufructo y la lógica de monopolio del Gobierno como propietario de la tierra y el monopolio del comercio de los productos de la tierra, no solo no hacen crecer la producción, sino que la disminuyen. Con estas condiciones, los campesinos y productores son desincentivados a producir, en tanto carecen de relaciones de pertenencia (a través de la propiedad) que son características de ese grupo social y están sujetos a las restricciones para la comercialización, la diversificación de actividades productivas y económicas y el acceso a insumos.


Ausencia de libertades empresariales


No se crea riqueza sin un mínimo de libertades empresariales. Las empresas privadas o gubernamentales siguen limitadas para realizar actividades tradicionales asociadas al surgimiento y evolución de las empresas. Por ejemplo, tienen trabas innecesarias para acceder a financiamiento, están atadas al ineficiente e injustificado monopolio de comercio exterior e incapacitadas para la autodeterminación, flexibilización y transformación de su objetivo social (para las estatales es una decisión vertical y para las privadas todo se determina por una amplia lista de actividades no permitidas).


Reformas lentas, atrasadas y fragmentarias


Si bien eliminar las pymes con la Ofensiva Revolucionaria fue un error por todo lo alto, todavía hoy no se ha terminado de corregir. El costo económico, social y cultural de la necesidad de las pymes se está alertando desde los ochenta. Con las modestas reformas de los noventa se empezó a restablecer las pequeñas empresas privadas, algo que sigue en proceso, en tanto continúan las restricciones. Por si fuera poco, dicha reforma no ha venido acompañada de una política pública que intencionalmente fomente la inversión privada en determinados sectores, dada determinada meta gubernamental en materia social o de desarrollo, sino que se ha tratado de una apertura caótica, de esperar a ver qué pasa, que ha tenido varios períodos de congelación de entrega de licencias y pausas arbitrarias.

[1]An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, conocida simplemente como La riqueza de las naciones, de Adam Smith. [2] El principal autor del enfoque de la distribución, al menos el iniciador, es David Ricardo, aunque debe aclararse que su obra no se reduce a eso. [3] Salarios de esa magnitud se concentran en científicos de la biotecnología y en funcionarios de Etecsa, entre otros pocos grupos.

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