• Diana Mendiluza Díaz

Los modelos de bienestar de las democracias occidentales ofrecen las claves de la Cuba que queremos


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Responde a Cuba Próxima Diana Mendiluza Díaz, historiadora


¿Los cubanos emigrados deben tener derecho al voto en Cuba y representación parlamentaria?


Todos los seres humanos, sin distinción, tienen derecho al sufragio en el país en el que son ciudadanos, y representación parlamentaria. Para que sea un verdadero sufragio universal en una sociedad democrática, los derechos políticos de elegir a quien mejor represente a la ciudadanía, y el poder ser electos es un derecho que deben tener todos los cubanos dentro y fuera de la Isla. En el artículo 42 de la Constitución de la República de Cuba, en el apartado sobre los derechos, deberes y garantías se plantea que «Todas las personas son iguales ante la ley, reciben la misma protección y tratos de las autoridades y gozan de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación (…)». Para ser consecuentes con ese principio de igualdad, no debe ser excluyente de los ciudadanos cubanos residentes en el exterior. El pleno ejercicio de los derechos políticos debe traducirse en políticas inclusivas que beneficien a todos los sectores de la sociedad cubana, incluyendo a los cubanos emigrados.


¿Los cubanos con doble o múltiple ciudadanía deben tener restringido el derecho a ocupar cargos de autoridad política en Cuba?


Existen en la historia de Cuba múltiples ejemplos de personas que ocuparon cargos de autoridad política con doble ciudadanía, incluso posterior a la llegada de Fidel Castro al poder en 1959. Dentro de los derechos políticos de los ciudadanos en una sociedad democrática se encuentra la posibilidad de todos los candidatos de ocupar cargos de autoridad política en igualdad de condiciones. El hecho de que un ciudadano cubano posea una doble o múltiple ciudadanía no debe ser un obstáculo para el ejercicio del poder siempre y cuando garantice una adecuada aplicación de políticas públicas que respondan a los intereses de sus electores.

¿Cuán afectada está la cultura cívica en Cuba? ¿Cuáles son sus potencialidades y cómo desarrollarlas?


La cultura cívica en Cuba se encuentra muy resquebrajada aun cuando el país posee un alto nivel de instrucción. Se aprecia una pérdida de valores morales y de respeto hacia el prójimo. Otro elemento que está arraigado en la sociedad cubana actual es la falta de diálogo inteligente y coherente para llegar a un consenso sobre un determinado tema. Aceptar a las personas como son, con sus diferencias individuales, discrepar en determinados aspectos de la vida social, familiar, económica, política y cultural de un país es totalmente normal en una sociedad plural.


Lograr una cultura cívica adecuada, con una convivencia armónica, sin imperativos, debe ser sobre la base del respeto entre los individuos, y en esta cuestión desempeña un rol fundamental la familia y, posteriormente, la conjunción entre la familia, la escuela y la sociedad. Debe lograrse un diálogo coherente entre la sociedad civil cubana y el Estado, educarse en el respeto a la verdadera libertad de expresión y asociación. Trabajar en función de construir una sociedad que propicie el desarrollo integral del ser humano y otorgarle una mayor participación a la Iglesia Católica, aunque Cuba sea un estado laico, en materia de ética puede aportar muchísimo a la sociedad sin ser excluyentes de otros credos y religiones que conviven en la sociedad cubana.


¿Cómo cree que sería una Cuba plural? ¿En qué se parecería a otras democracias? ¿Qué rasgos distintivos podría tener?


Parafraseando a José Martí, una Cuba plural, «con todos y para el bien de todos», debería tener tres cuestiones fundamentales: pluripartidismo, libertad de expresión y libre mercado. Las claves para lograr la construcción de la Cuba que queremos se encuentran en los modelos del Estado de Bienestar general de las democracias occidentales, que pueden implementarse adaptados a las particularidades de la realidad cubana. Las prestaciones sociales no necesariamente pueden ir acompañadas de un Estado centralizado, pues las experiencias europeas más exitosas han logrado la coexistencia del libre mercado a la par de amplios beneficios sociales.


El discurso que pretende defender a ultranza las conquistas sociales en Cuba por más de sesenta años a costa de un crecimiento económico sostenido choca con las mismas o mejores prestaciones sociales en los modelos nórdicos, continentales, anglosajón y mediterráneos, en los que la libre acción de las fuerzas del mercado ha permitido llevar las dos cosas a la par. Estas democracias no sacrifican el crecimiento económico por las prestaciones sociales. Más aún, su éxito radica en no solo preservar ambas conquistas, sino en la amplia gama de oportunidades que desde el punto de vista social ofrece a sus habitantes, dándoles una vida digna, oportunidades de empleo, control de las principales variables macroeconómicas con impacto en la calidad de vida y, desde este punto de vista, los gobiernos no tienen que debatirse en un juego de suma cero entre crecimiento económico y beneficios sociales.

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