• Jorge Ignacio Domínguez

Los Futuros Partidos Políticos de Cuba: Entre la Ficción y las Ciencias Políticas

Actualizado: sep 28

Por Jorge I. Domínguez


Capítulo 3: ¿Clivajes Sociales en Busca de un Partido Político? (1)


Para la década del 50, existían diferencias de clase social en el electorado cubano. En diciembre de 1951, en anticipación a la elección presidencial de 1952 (cancelada a causa del golpe de Batista), una encuesta de opinión pública comprobó que los cubanos de clase alta favorecieron al candidato del partido Auténtico, Carlos Hevia, en una proporción de aproximadamente tres a uno sobre Batista, quien se lanzaba una vez más para presidente. En la clase alta, los Auténticos se encontraban también por delante de los Ortodoxos. En la clase baja, la elección estuvo más reñida, con Hevia por encima de Batista, si bien dentro del margen de error estadístico, y con los Ortodoxos en tercer lugar (Goldenberg, 1965, 111). No obstante, ningún candidato o su partido apeló de manera diferenciada a las diversas clases sociales en búsqueda de respaldo electoral. Solo los Comunistas lo hicieron, pero con poco efecto.


En la Convención Constituyente de 1940, los Comunistas habían propuesto múltiples restricciones sobre las escuelas dirigidas por las órdenes religiosas Católicas. La Iglesia Católica las resistió con éxito (Amigó, 1947). Sin embargo, la Iglesia tenía un apoyo social relativamente modesto. En 1954, la Agrupación Católica Universitaria de la Universidad de La Habana realizó una encuesta nacional (N= 4000). Se encontró que sólo el 24 por ciento de los Católicos asistían a servicios religiosos regularmente y sólo el 16 por ciento de los matrimonios eran formalizados por la Iglesia (Jover Marimón, 1971, pp. 400-401). Señal de que Cuba era un país laicista antes de la revolución de 1959. Un pequeño partido Demócrata Cristiano fue fundado en Cuba en los cincuenta, pero nunca disputó en una elecciones libres y competitivas.


El clivaje social latente más significativo en Cuba concernía a las relaciones raciales (De la Fuente, 2001). Un partido basado en raza –el Partido Independiente de Color– fue fundado en 1908, después de la independencia de Cuba en 1902, siendo aplastado militarmente en 1912. Desde entonces la ley ha prohibido los partidos basados en raza. Desde principios del siglo veinte, el Partido Liberal alentaba la elección de políticos afrodescendientes para el senado y la cámara en su lista partidista; uno de ellos, el senador Martín Morúa, patrocinó la ley que prohibía los partidos políticos basados en raza. Con el tiempo, otros partidos también atrajeron afrodescendientes. Fulgencio Batista, un mulato, incluyó varios políticos afrodescendientes en su coalición, principalmente de los partidos Liberal y Comunista. Blas Roca, quien fue secretario general del partido comunista durante mucho tiempo, era un mulato y aliado cercano a Batista desde 1939 hasta 1945 (Fundamentos, 1944). A través de su liderazgo de la Central obrera (CTC), los Comunistas ayudaron a reducir la brecha salarial entre blancos y negros en la categoría de obreros calificados. En el censo de 1943, se constató que los negros obtenían los ingresos más bajos en todas las categorías de ingresos, y en todas las ocupaciones, pero la brecha entre blancos y negros era la menor entre los obreros calificados donde los sindicatos tenían mayor impacto (República de Cuba, 1945, pp. 1203-1205). Sin embargo, desde finales de los años treinta en adelante, ningún partido cubano, ni siquiera los Comunistas, operaron como un partido basado en raza o formularon sus promesas partiendo de una política basada en la raza. Los Comunistas privilegiaron políticas enfocadas en clase social, aunque con la expectativa de que las políticas de clase “correctas” también reducirían las brechas entre los cubanos a través de todo el espectro de color.


En resumen, existían las bases sociales plausibles para fundar partidos políticos sobre la base de la raza, aunque probablemente no sobre la base de la religión, si bien ningún partido tuvo éxito apelando a estas bases. Únicamente los Comunistas se centraron en políticas enfocadas en clase, y fue el suyo el partido más pequeño en el Congreso.


Bibliografía

Amigó, G. (1947). “La iglesia católica en Cuba”. Revista Javeriana 28, 138.

De la Fuente, A. (2001). A Nation for All: Race, Inequality, and Politics in Twentieth Century Cuba. Chapel Hill: University of North Carolina Press.

Fundamentos. (1944). “Una carta del Partido Socialista Popular a Batista”. Fundamentos 4 (31), 375-376.

Goldenberg, B. (1965). The Cuban Revolution and Latin America. New York: Praeger.

Jover Marimón, M. (1971). “The Church”. En C. Mesa-Lago (ed.). Revolutionary Change in Cuba (p. 399-426). Pittsburgh: University of Pittsburgh Press.

República de Cuba. (1945). Informe general del censo de 1943. La Habana: P. Fernández y Cia.

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