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Los actores democráticos para el cambio deberían entrar rápidamente en el escenario político

Actualizado: 23 ago


Imagen © Yaxys Cires

Cuba Próxima convocó a importantes actores ciudadanos para ofrecer opiniones sobre las libertades que demanda la nación y la República, las condiciones para un arreglo político nacional, las necesidades de un nuevo texto constitucional, los actuales actores políticos de la nación y las normas legales necesarias para el acceso de la sociedad a las instituciones del Estado.


Responde Yaxys Cires, vicepresidente adjunto de la Organización Demócrata Cristiana de América, director de Estrategia del Observatorio Cubano de Derechos Humanos y coordinador de la Plataforma Cuba Humanista.


1- ¿Qué libertades deberían ejercerse en Cuba para hacer posible el cambio sociopolítico que demanda la nación y la República?


En un panorama como el cubano, todas las libertades son importantes y urgentes. Para arrancar un proceso de transición, las civiles y políticas son primordiales, por ejemplo, las libertades de expresión y prensa, asociación, manifestación, y el derecho a elegir y ser elegido en elecciones democráticas.


Sin embargo, también debemos pensar en un cambio estable, algo que no se consigue si no se genera prosperidad y cohesión social. Por ello, también se necesitan, de manera urgente, libertades económicas y derechos sociales.


Pero no es solamente un tema de derechos, sino también de cambios profundos en sectores medulares para el país, que influirán en la estabilidad del proceso de cambio, como son la política económica, la de seguridad nacional, desde una perspectiva interna y externa, o la renovación del sistema judicial.

2- ¿Cuáles deberían ser los tópicos de una presunta negociación entre actores ciudadanos plurales y el poder? ¿Qué condiciones podrían facilitarlo?


Hay cuestiones básicas y urgentes que deben tratarse en este escenario de negociación; estas deberían ser:


- La liberación de los presos políticos.


- El cese de la represión y derogación de todas las normas que la sustentan


- El libre regreso de los exiliados


- Libertad de expresión y prensa.


- Libre inscripción de partidos políticos y fecha para elecciones libres y democráticas


Todo ello en un cronograma con hitos concretos y verificables. Los apoyos internacionales, incluidos los financieros, deben ser en función de los avances en ese cronograma. Es importante que el cambio sea hacia una democracia y no, como algunos quieren, para que el socialismo sea mejor.


En este punto me pregunto qué razón tendrían para soltar o compartir el poder quienes viven de éste y lo han disfrutado por más de 63 años sin que se le dispute.


Es evidente que, si no hay voluntad política inicial de cambio por parte de la cúpula, tal y como sucede ahora, los elementos potenciadores de ese cambio serían aquellos que le sean creíblemente adversos en lo inmediato junto a otros que le representen algún incentivo beneficioso a futuro. La presión popular y la condena internacional son fundamentales.

Pero la garantía de que este proceso sea positivo para el país depende en gran medida de que exista una oposición claramente identificable por los ciudadanos y por la comunidad internacional.

3- Acaso la actual Constitución de la República dificulta el establecimiento de un Estado de Derecho. ¿Reforma constitucional o constituyente por una nueva Carta Magna?

La constitución actual obedece a una lógica antidemocrática y busca mantener el control por parte del Partido Comunista.


Pero la fórmula legal de la transición no es un tema idealista ni voluntarista, sino pragmático, y va a depender mucho de cómo va a ser en realidad ese cambio, en qué condiciones y circunstancias, la correlación de fuerzas, quiénes serán los actores y el peso específico de cada uno en el proceso. También está el imponderable.


En un escenario del cual no tenemos muchas certezas, tendríamos que estar abiertos a varias posibilidades legales, siempre que éstas no desvirtúen el fin último político, que sería el establecimiento de un régimen de libertades y prosperidad.


Pareciera que hay al menos tres opciones: reformar casi de manera íntegra la constitución actual, despojándola de los elementos antidemocráticos y aplicarla de manera interina; retomar la de 1940, reformando aquellas cuestiones que no se ajusten a la nueva realidad y añadiendo otras; o convocar al menor plazo posible a una asamblea constituyente, con delegados elegidos democráticamente.


Un elemento importante a tener en cuenta es la estructura del estado y el sistema de gobierno que queremos, porque ello incidirá en el alcance de la reforma constitucional que haya que hacer en caso de que se escoja mantener, aunque sea de manera temporal, la constitución actual o restablecer la del 1940. No es lo mismo reformar lo que tiene que ver con derechos y libertades, que, además, tener que cambiar la totalidad de lo que se conoce como la parte orgánica de la constitución.


Todas las soluciones tienen sus desafíos y peligros. Ninguna está exenta de contener lo que en derecho llamamos “ficciones jurídicas”, como expresión clara de pragmatismo ante vacíos legales o de poder; pero los cubanos tenemos que aprender a lidiar con los riesgos sin hacer descarrilar los procesos que pueden ser positivos para el interés general. Cualquiera que sea la vía, es recomendable que sea rápida y que sea inequívoca hacia la democracia. La dilación y la incertidumbre juegan en contra del proceso.



4- ¿Cuáles son los actores políticos cubanos plurales con peso específico que usted identifica con capacidad para establecer un proceso de cambio sociopolítico?


Pareciera que ninguno de los análisis prospectivos que se hacen sobre este tema en un escenario inicial excluyen a la cúpula fragmentada y en lucha de poder. Tampoco se excluye a la ciudadanía desencantada como ente general haciendo presión para que el cambio ocurra. Por su parte, los actores organizados que deben representar las ideas democráticas para que el cambio sea real deberán empujar rápidamente, sin complejos y por derecho propio, para poder entrar en ese escenario político.


5- ¿Cómo debería ser la nueva Ley electoral que Cuba necesita?

Evidentemente, esta nueva ley electoral debería respetar los estándares democráticos, como el derecho al sufragio activo y pasivo de todos los ciudadanos cubanos, el pluralismo político y garantizar condiciones justas y equitativas para todos los contendientes, etc.


Por otra parte, me sorprende que haya gente redactando leyes electorales, cuando no se tiene un debate sobre qué estructura de estado y forma de gobierno queremos o nos convendría tener como país; por ejemplo, si queremos un modelo más o menos presidencialista o si queremos que sea bicameral. También hay que tener en cuenta otros diversos asuntos, como la división político-administrativa, la posible fragmentación de la representación en el legislativo, sus pros y contras, la participación de candidatos independientes a los diferentes niveles, etc. Son temas tan importantes que si no se tienen en cuenta podrían incluso frenar los cambios que el país necesita. Cada elemento de estos tiene fuertes implicaciones democráticas, pero también pragmáticas. Hay gente que cree que la política es solamente un ejercicio intelectual.


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