• Elena Larrinaga

La transición, un procedimiento para lograr libertad y bienestar



El término “transición”, desde una perspectiva general, hace referencia a un proceso de cambio mediante el cual un régimen preexistente, político y/o económico, es reemplazado por otro, lo cual conlleva la sustitución de valores, normas, reglas de juego. Si bien la delimitación de este proceso es muy difícil, pues en muchas ocasiones se está inmerso en ello sin percatarse.


La fase de transformación que inevitablemente enfrentará Cuba, de una dictadura militar a un régimen democrático, será un momento único para reparar los lazos rotos de, y con, la comunidad. Tenemos espejos donde mirarnos y aprender, aunque realmente cada país tiene sus propias peculiaridades y debemos ser capaces de analizar en profundidad cuál debe ser la mejor manera de proponer y acordar un nuevo contrato social que garantice la gobernabilidad, sin dejar al país sumido en un caos que no beneficia a nadie.


Toda transición es sobre todo un procedimiento. Por ello deberíamos preguntarnos, en primer lugar, cuáles son los elementos que nos indican la posibilidad de producirse un cambio de régimen. Al respecto, si consideramos la crisis de autoridad del gobierno, como un primer indicador de las probabilidades para ese proceso de cambio, podríamos estimar que las protestas del 11-J en Cuba fueron un ejemplo de la desafección ciudadana.


Sin embargo, debemos tener en cuenta que, en una primera etapa, la transición depende en gran medida de la decisión y voluntad del gobierno. Es pues nuestra obligación y cometido llegar a ese punto. Para ello, debemos evaluar tres cuestiones: identificar a los aperturistas, definir el proceso a seguir y reconocer los hechos políticos a través de los cuales se evidencian.


Ello exige una lógica de actuación que nos permita lograr tal objetivo. El diálogo, sin hoja de ruta marcada, no significaría nada en sí mismo. Caería en saco roto. Debemos, según la urgencia, plantear y consensuar nuestras demandas. No resulta fácil porque es mucho, por no decir, todo lo que se necesita. Pero sólo haciendo este ejercicio conseguiremos claridad y acuerdo sobre la necesaria transformación del Estado.


Desde mi punto de vista cualquier cambio demanda tres cuestiones urgentes, y factibles, que a la vez abrirían el proceso.


1- Un cambio de modelo económico, social y político, basado en el respeto a las libertades individuales, que encamine a Cuba hacia el progreso y el bienestar social.

2- Una Ley de Amnistía para todos los presos políticos y de conciencia, incluyendo aquellas figuras delictivas con trascendencia ideológica, racial, sexual, religiosa, económica o de cualquier índole vinculada a motivos políticos.

3- Una Ley de libertad de opinión, asociación y prensa.


Lo anterior sería la primera etapa de una Hoja de Ruta capaz de etapas posteriores que prefiguren, por ejemplo:


1- Una Ley de Cambio Político.

2- Un Referéndum a la Nación.

3- Una Asamblea Constituyente que dote Cuba de una nueva Carta Magna.

4- Unas elecciones libres y plurales que elijan al parlamento y al gobierno.


Nuestros legítimos deseos de Libertad, Patria y Vida, nos exigen sensatez para conseguir una solución integral y duradera que asegure el futuro de la nación. Ello demanda corazón ardiente y cabeza fría, para no errar en el destino.


Cuba lo amerita y necesita.

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