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La moderación de la oposición garantizó la Transición española


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Cuba Próxima conversó con Chris Ealham, historiador e hispanista británico. Con extraordinario conocimiento Ealham explicó sobre intríngulis políticas de la Transición española. Resaltó -entre las condiciones que la hicieron posible- los valores plurales, el empoderamiento económico, la disposición a favor de un triunfo para todos, la conciencia de superar las “reliquias” de otra época, la renuncia a maximalismos, la moderación de la oposición política y la opción por la democracia.


¿Cuándo la idea de la transición a la democracia comenzó a ser vista como una realidad posible y próxima por la sociedad española y por los propios franquistas?


Hay que recordar que, para los miles y miles de españoles que se exiliaron cuando Franco ganó la Guerra Civil, la democracia siempre fue una «realidad posible». Pero claro, en España, el franquismo apostaba por extinguir toda democracia, y solo a partir de los sesenta vemos un cambio con una nueva ola democrática y la expansión de valores plurales dentro de la clase obrera, que se organizaba cada vez más en sindicatos clandestinos, entre algunos sectores de la clase media, sobre todo en las nacionalidades históricas de Cataluña y País Vasco, y hasta los sectores más liberales de la Iglesia.


Con el auge de una nueva élite económica exportadora que entendía la importancia de los mercados europeos y el acceso a Bruselas, vemos la desintegración del bloque de poder establecido en la Guerra Civil. Cuando Franco encarcelaba curas y obispos, ya no podía posar como «el defensor de la fe», y así ciertos actores de la clase política franquista aceptaron la necesidad de un cambio.

¿Cuál era la razón fundamental por la que sectores del franquismo no querían democratizar el país? ¿Cuál a su vez era la razón fundamental por la que otros sectores del propio franquismo sí querían democracia?


Varios factores motivaban a los inmovilistas: nostalgia, un espíritu fascista-autoritario, triunfalismo por haber ganado la guerra, miedo al futuro, odio hacia la izquierda, los vascos y los catalanes. Más general la propaganda oficial hablaba de los «éxitos» económicos del régimen, olvidando que antes del «milagro económico» de los sesenta ―que tenía más que ver con tecnócratas que con el propio Franco― hubo veinte años de autarquía, una política económica fascista que fue nefasta para la mayoría de la población. Los que hablan todavía de los pantanos de Franco ignoran que España seguía teniendo problemas energéticos.


El sector «evolucionista» entendía que los días de la dictadura estaban contados y que era necesario reinventarse para poder defender los valores conservadores en un nuevo contexto político. También sabían que la dictadura era una reliquia de otra época, que no era sostenible sin la continuación e incremento de la represión. Esa gente confiaba en que Juan Carlos, como figura de autoridad y jefe de Estado, actuaría como garantía de que la Transición estaría en manos de los grupos de presión conservadores. Cuando la oposición democrática aceptó la monarquía como un paso previo a la democracia, la derecha ganó un debate y una concesión importantísima.


¿Qué dividía a la oposición? ¿Hubo algún momento donde todo pudo «haberse echado a perder»? ¿Cómo salieron de ese momento crítico?


En general, la división principal de la oposición era entre los que querían una ruptura definitiva con el franquismo y los que estaban dispuestos a una transición más lenta. Los últimos eran más numerosos, la oposición más moderada y tímida que interpretaba y magnificaba el miedo colectivo de una nueva guerra civil, un miedo en parte fabricado por la derecha.


Hubo varios momentos críticos, pero quizás el más dramático fue la Masacre de Atocha, de enero de 1977, cuando un grupo de terroristas de extrema derecha asesinó a cinco abogados laboralistas en su despacho en el centro de Madrid. Los asesinos seguían una estrategia de tensión para provocar a la izquierda a la violencia, calculando que así los militares volverían a montar una nueva dictadura.

¿Qué acontecimientos constituyeron el inicio de dinámicas políticas concretas de transición real? ¿Cuáles condiciones, una vez comenzado el proceso, lo hicieron estable y lo convirtieron en definitivo?


Se puede distinguir entre factores de largo plazo y los de corto plazo. Los cambios socioeconómicos de los sesenta crearon una sociedad más compleja que la que existía al nacer la dictadura. Pero el régimen entró en su crisis definitiva en 1973, con la crisis económica global y con el asesinato de Carrero Blanco, el número dos de Franco y hombre clave del «franquismo sin Franco», o sea, la fórmula para prolongar la dictadura más allá de la vida del dictador. Entonces, con Franco enfermo, se aceleró la fragmentación del bloque de poder anteriormente constituido alrededor de su dictadura.


Existían dos factores importantes: la buena disposición de la izquierda moderada a renunciar a sus ideales históricos ―la justicia social y el republicanismo― para lograr la democracia. Luego, la mayoría de la clase política franquista se hizo el harakiri político, aceptando la democracia y comenzando su transformación en una derecha más moderna.


Al final, creo que la moderación de la oposición garantizó la Transición. Aceptaron el pacto de olvido, que en la práctica dejaba impunes a los torturadores del régimen y a los que tenían sangre en las manos. Hubo una ausencia de justicia para las víctimas del franquismo, algo que casi cincuenta años después nuevas generaciones reclaman.


Tampoco hay que olvidar que la Transición estaba anclada en el miedo. Muchas personas que vivieron en ese período hablan del miedo a una nueva guerra civil, un miedo que explotó la clase política naciente para silenciar las críticas y las demandas desde abajo, desde la calle. El resultado fue una Transición más estable quizás, pero también una Transición organizada desde arriba, un concierto de las élites, sin mucha intervención popular.

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