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Historia del Liberalismo


Imagen © Soha

Por Dr. César R. Barradas.

Doctorado en Finanzas Públicas. Universidad Veracruzana.

El liberalismo trata de la libertad política del ciudadano contra la opresión del Estado, es la teoría y la práctica de la defensa a través del Estado constitucional de la libertad individual[1]. La idea de libertad se presenta como un valor político que se defiende a través de la afirmación de que los hombres se suponen inicialmente en un estado de naturaleza con perfecta libertad para decidir sus acciones, sin depender de la voluntad de otro hombre[2], la única finalidad por la cual el Poder puede con pleno derecho ser ejercido sobre un miembro de la comunidad contra su voluntad, es evitar que perjudique a los demás. [3]


Este podría ser llamado el principio liberal fundamental:


La libertad es un derecho básico, debiendo justificarse todo intento de limitarla. Así, el Estado y sus atribuciones deben estar justificadas, ya que limitan la libertad de los ciudadanos.

“Siendo los hombres por naturaleza libres, iguales e independientes, ninguno puede ser sustraído de esa condición y sometido al poder político de otro sin su propio consentimiento.”4

El punto central de la teoría política liberal es determinar cómo se puede justificar la autoridad política, sus atribuciones, partiendo de la premisa de que éstas limitan de alguna manera la libertad.


La justificación deriva de la idea en la existencia de un estado de naturaleza, en el cual los humanos son libres e iguales, y por ello se argumenta que cualquier limitación de esta libertad e igualdad debe estar justificada por el contrato social. El contrato social se erige como un acuerdo de voluntades entre los miembros de la sociedad, en que las partes acuerdan restringir su libertad sujetándose a las reglas acordadas sobre la manera en que se creará el Estado, se desarrollarán las relaciones de los individuos entre sí y con el Estado creado, en general instaurándose a través de este proceso, una nueva sociedad organizada. Los individuos deciden ceder parte de su libertad, crear el Estado, pagar los impuestos, autorizarle que los gaste, etc. para obtener con ello un mayor beneficio. Evidentemente nadie quiere entregar parte de su libertad, de su patrimonio, si no es a cambio de obtener un provecho mayor del que tendría de abstenerse a entregarlo.

Así, el concepto inicial de libertad que se desarrolla es una noción que puede considerarse negativa: Una persona es libre en la medida en que ningún hombre ni ningún grupo de hombres interfieren con su actividad. La libertad en este sentido es simplemente el área dentro de la cuál un hombre puede actuar sin ser obstaculizado por otros.


Por influencia de la democracia cambia el concepto de libertad y se transforma en un concepto positivo. En vez de la concepción negativa de la libertad, se ha generado una más positiva, de acuerdo a la cual una persona es libre cuando actúa de acuerdo a su propia y verdadera voluntad. Así, según Isaiah Berlin[4], la libertad positiva implica que el individuo sea su propio dueño, en que su vida y sus decisiones dependan de él mismo y no de fuerzas exteriores, sean éstas del tipo que sean. Esta concepción de la libertad positiva implica finalmente que una persona es libre sólo si se autodirige o es autónoma. Transitando a través de la teoría política liberal, es una persona libre aquella cuyas acciones son de alguna manera propias.


Ahora bien, el liberalismo no ha sido una doctrina homogénea; existen versiones del liberalismo, el liberalismo expuesto por Jeremy Bentham no es el mismo que el de John Rawls, por ejemplo. Si tuviésemos que citar a diez de los principales liberales, hablaríamos de Hobbes, Locke, Hume, Smith, Bentham, Mill, Hayek, Rawls, Nozick y Buchanan. En un intento por dejar en claro que existen varias visiones o enfoques dentro del mismo liberalismo, se explicará mediante un tránsito histórico y a grandes rasgos, la postura de cada uno[5].

Diez principales figuras en la historia del liberalismo:

1. Hobbes (1588-1679)

2. Locke (1632-1704)

3. Hume (1711-1776)

4. Smith (1723-1790)

5. Bentham (1748-1832)

6. John Stuart Mill (1806-1873)

7. Hayek (1903-1991)

8. Rawls (1921)

9. Nozick (1935)

10. Buchanan (1927)

El liberalismo es caracterizado por una concepción positiva del hombre y de la sociedad. Esa concepción es:

Individualista: predominio del individuo sobre el grupo, la colectividad o la sociedad.

Igualitaria: las personas son, o deben ser, iguales en algún sentido. Cuando menos, deben ser iguales ante la ley.

Universalista: Lo que es bueno para unos es suficientemente bueno para todos. Más específicamente en asuntos políticos (y económicos), los liberales se inclinan a creer que todos deben ser como nosotros (valores occidentales). Este universalismo está plasmado, por ejemplo, en la declaración de la ONU sobre los derechos del hombre. En comparación con el fundamentalismo islámico como una doctrina política que no tiene pretensiones universalistas.

Los liberales no niegan que hay diferencias entre las sociedades, sino que creen que las semejanzas entre los seres humanos y entre las sociedades son, desde un punto de vista político, más importantes que las diferencias.

Mejorista: los liberales sostienen que las instituciones sociales y políticas pueden ser mejoradas indefinidamente (Ej. actitud de ingenieros automotrices).

El liberalismo está asociado tradicionalmente con la ilustración y aunque es verdad que no hubo liberales genuinos antes del siglo XVII, existieron importantes precursores en la tradición intelectual occidental. Mencionaremos tres fuentes de influencia en los tiempos pre-modernos:

• los griegos

• los romanos

• los Cristianos

Los griegos:

Los Sofistas sostenían que todos los hombres eran por naturaleza libres (negaban la esclavitud natural). Esta idea; por supuesto, llegó a ser una idea obvia desde la revolución estadounidense.

Glaucón en el diálogo de la Republica o de lo justo, de Platón, sostenía que la justicia era un contrato para no hacer ni sufrir el mal. La idea de que la justicia era un contrato entre las personas para seguir algunas reglas acordadas es la idea central de la teoría del contrato social, punto de partida del liberalismo.

El significado inicial de libertad para los antiguos, especialmente Aristóteles, es la libertad como auto-reglamentación (autonomía) o auto-gobierno. Pero en el famoso discurso del funeral de Pericles encontramos el germen de la idea de que hay una esfera personal o particular que el Estado no debe invadir, esta es una idea central en el liberalismo.

Los romanos:

El derecho romano en sus inicios desarrolló una tradición de igualdad ante la ley, igualdad para todos los ciudadanos. Ahora bien, es importante reconocer que la mayoría de las personas no eran ciudadanos romanos.

A Cicerón se debe la idea de que nuestra sociedad tiene que ser gobernada por leyes y no por hombres (el reinado de ley). Lo ideal es que el juez sea simplemente la voz de la ley. Estas ideas fueron reavivadas en los últimos años del renacimiento durante el surgimiento de la Europa moderna.

Cristianismo:

La visión común es que el triunfo del cristianismo representó el eclipse de los ideales liberales de tolerancia, amor de aprendizaje, etc. Hay un poco de verdad en esto; en la medida en que la iglesia católica mostró (y todavía lo hace) hostilidad hacia algunos valores liberales, pero tomando en cuenta que el cristianismo da primordial importancia a la salvación individual (individualismo), el cristianismo puede ser concebido como una religión individualista. Más importante en esta consideración; quizás, es la opinión cristiana de “igualdad original de todas almas”.

Además, hubo un impulso universalista en el Cristianismo que no estaba presente en las religiones de Grecia, Roma, y entre los judíos.

1) Hobbes (1588-1679):

Su filosofía política señala que los seres humanos tienen como meta máxima la auto-preservación. El bien (y el mal) para los seres humanos es definido en estos términos: Aquello que contribuya a la auto-preservación es bueno; lo que amenace la auto-preservación es malo.

Comparando esta idea con Aristóteles, tendríamos que el bien es definido en términos de los atributos humanos (por ejemplo, la capacidad de razonar). Si la comparamos con los cristianos, veríamos que el bien para los seres humanos es la reunificación con Dios en el cielo.

Hobbes señala que el hombre actúa siempre para su propio beneficio. De no ser por la habilidad del hombre para razonar, resultaría una competencia desenfrenada y una guerra de todos contra todos. Nuestra racionalidad nos lleva a ver que, en ausencia de un soberano, la humanidad sería reducida a una "guerra de todos en contra de todos" (la vida sería solitaria, pobre, desagradable y corta).

Para Hobbes no hay comportamiento más correcto como el hacer que las cosas avancen o retrocedan en nuestro propio beneficio. El Estado es simplemente un instrumento de los seres humanos caracterizado en tres ideas:

• Promover el interés individual: La auto-preservación, asegurándose de que los individuos se abstengan de ciertas cosas (especialmente ejercer violencia contra los demás), así se previene la guerra de todos contra todos.

• Crear las condiciones para que los individuos consigan exitosamente sus intereses pacíficos.

• La diferencia con el punto de vista griego y cristiano de la vida política es sorprendente. Para éstos últimos, el papel del Estado es promover la vida virtuosa entre sus ciudadanos, el Estado tiene un papel y estatus eminentemente ético. Mientras que, para Hobbes, los objetivos morales no son la justificación del Estado. El objetivo del Estado es promover el interés individual de cada uno de sus miembros, el Estado no tiene nada que decir sobre cómo debemos vivir nuestras vidas, más allá de prohibirnos interferir en los objetivos pacíficos de los demás. La justicia es definida en términos de obediencia a las normas, no hay objetivo moral en la vida política.

Como teórico del contrato social, Hobbes creía que solamente un monarca absoluto podía ser suficientemente fuerte para persuadir (intimidar) a las personas a cumplir sus obligaciones dentro del contrato social y mantener así, la paz social. En suma, para Hobbes el Estado no debe promover ningún objetivo moral, tiene como principal propósito promover los intereses de sus ciudadanos y el poder del Estado está limitado por los derechos naturales (derechos humanos) de las personas.

2) John Locke (1632-1704):

Es el primer e históricamente más importante de los liberales, aseguraba que los derechos morales son de manera lógica anteriores al Estado, el propósito del Estado es "remediar" los defectos del estado de naturaleza y la libertad personal requiere derechos de propiedad privada para todos.

Locke al igual que Hobbes era contractualista en cuanto a la justificación del Estado, la fuente de la legitimidad del Estado descansa en el consentimiento del gobernado y lo concebía no como un objeto divino o natural sino como un instrumento humano para hacer cumplir los derechos, a diferencia de Hobbes que lo estructuraba como un mecanismo para solucionar problemas prácticos (auto-preservación). Sin embargo, también existe una gran diferencia entre Locke y Hobbes en cuanto al origen o base de los derechos, para el segundo es la auto-preservación mientras que para el primero es Dios.

Locke creía que nuestros derechos (derechos naturales) eran otorgados por Dios, esto incluye el derecho a la propiedad privada. Con el incremento de la secularización de la sociedad, su visión resultó problemática para los liberales, principalmente en cómo justificar estos derechos.

La independencia estadounidense tiene sus raíces precisamente en Locke, pues sus postulados versaban que el propósito del gobierno es asegurar los derechos naturales de las personas (derecho a la vida, la libertad y obtención de la felicidad) y que estos derechos provienen de Dios; así, la justificación de la revolución deriva de que el Estado no está protegiendo o respetando los derechos naturales de las personas.

Los políticos estadounidenses (por ej. Jefferson y Madison) estuvieron profundamente influenciados por Locke y Hume, preocupados no en hacer teoría política sino en solucionar los problemas del diseño constitucional, en que las ideas principales de los estadounidenses eran que los seres humanos son muy imperfectos y potencialmente peligrosos, y las instituciones tenían que estar diseñadas con esto en mente (por ej. la separación de poderes).

Finalmente, una contribución importante de Locke fue identificar la conexión entre propiedad y libertad, pues afirmaba que la libertad podía ser conseguida solamente en un sistema en el que hubiese propiedad privada.

3) David Hume (1711-1776):

Dos fueron las principales figuras de la ilustración escocesa: David Hume (Tratado sobre la naturaleza humana 1739) y Adam Smith (La riqueza de las naciones 1776). Al parecer, con la ilustración escocesa recibimos la primera expresión exhaustiva de la filosofía política liberal y solamente con la obra de la ilustración escocesa, obtuvimos una ciencia de las sociedades humanas, un intento por explicar cómo surgen y cómo funcionan las instituciones sociales.

Para Hume, las instituciones sociales (los sistemas políticos y económicos) son artificios humanos diseñados para lidiar con lo que él llama "Las circunstancias de la justicia": escasez moderada y benevolencia limitada.

Si la escasez desapareciera, no habría problema económico que resolver. Lo mismo sucedería con benevolencia ilimitada. Por otra parte, si la escasez fuera severa y la benevolencia inexistente, la sociedad no podría existir. En pocas palabras, escasez moderada y benevolencia limitada hacen al gobierno tanto posible como necesario.

4) Adam Smith (1723-1790):

La contribución de Smith se reflejó en tres vertientes:

La primera fundamenta que la sociedad se desarrolla a través de etapas que culminan en una sociedad comercial, en una sociedad con un sistema de libre competencia. La segunda, que los sistemas políticos y económicos están entrelazados y ningún sistema económico subsiste sin un sistema político y viceversa; es decir, un sistema económico de libre competencia encuentra su equivalente natural en un orden constitucional con gobierno limitado, no intervencionista que garantice las libertades civiles y políticas. La tercera vertiente desarrolla la idea de que las instituciones sociales y en general el fenómeno social, deben ser entendidas o explicadas en términos de acciones individuales; por ejemplo, la forma cómo un sistema económico funciona debe ser explicado en última instancia en términos de acciones individuales, el llamado individualismo.

Ésta última vertiente, tuvo importantes consecuencias en el siglo XX, ya que Smith pensaba que el sistema político y económico estaban entrelazados inseparablemente, y los mismos principios que explicaban cómo actúan las personas en la esfera económica se aplicarían en las últimas décadas del siglo XX, a la esfera política, impactando en las obras de los teóricos de la Elección Pública (Public Choice), que sostienen que los burócratas y los políticos son tan individualistas y egoístas como los hombres de negocios, haciéndose analogías importantes entre consumidores y votantes, empresarios y políticos, burócratas y gerentes de sociedades anónimas, etc.

En cuanto a la contribución de Adam Smith a la teoría económica, tenemos el principio de que las personas interactuando libremente y comportándose bajo su propio interés, producen involuntariamente un orden, una situación sin caos y la economía tiene en gran medida por objetivo, descubrir las leyes por las que esta interacción tiene lugar. Smith dice que las acciones auto-interesadas (egoístas) de los individuos resultan en una situación de equilibrio, en que la oferta y la demanda se equilibran; es decir, si la oferta sobrepasa la demanda el precio cae, si la demanda sobrepasa la oferta el precio aumenta, hasta que se llega a un punto de equilibrio entre la oferta y la demanda.

Finalmente, una consecuencia del análisis económico de Smith fue que el libre mercado tiende a incrementar la riqueza de las naciones mientras que el proteccionismo, el monopolio respaldado por el Estado, etc., solo generan daño.

Liberalismo en Francia:

Antes de continuar no podemos dejar de lado el pensamiento liberal francés del siglo XVIII. Para algunos, el liberalismo se originó como una expresión política del Protestantismo en Inglaterra pero no en Francia, Italia, etc., quizás en parte porque estos últimos no eran protestantes y el liberalismo europeo tenía un fuerte elemento anticlerical.

Dos vertientes ideológicas modelaron el pensamiento liberal francés del siglo XVIII. Ambas respaldaban la tolerancia y se oponían a la superstición y al fanatismo, estaban en contra del dogmatismo y de la iglesia, pero de formas muy diferentes:


Algunos como Montesquieu, Condorcet y Voltaire, creían en una ciencia de la naturaleza humana y de las instituciones sociales; ciencia y mejorismo iban juntas, la creencia en el progreso. Mientras que los humanistas escépticos como Bayle y Montaigne, creían en la impotencia de la razón, en la incapacidad de la mente para conocer la verdad.

Algunos liberales franceses como Benjamin Constant, antagonista de Rousseau, argumentaban que la libertad individual puede ser amenazada por las masas, por la democracia. Así, en gran medida los liberales eran desconfiados en cuanto a la democracia por dos razones: primero porque consideraban que amenazaba la libertad y segundo, era vista como una amenaza para la individualidad. Aunque es importante señalar que teóricos como Alexis De Toqueville y John Stuart Mill, consideraban la democracia como el mejor camino para conseguir objetivos liberales (el respeto a los derechos, etc).

4) Jeremy Bentham (1748-1832):

El siglo XIX presenció el triunfo práctico del liberalismo y su transformación teórica (o declive), la interferencia del gobierno era esporádica, mínima al principio, pero no al final de primera guerra mundial.


Bentham desarrolló una concepción sobre las decisiones basadas en el Utilitarismo, el principio de utilidad implicaba que las acciones eran juzgadas moralmente correctas o equivocadas; así, una acción es correcta sí y sólo sí ninguna otra alternativa genera más utilidad que esa.

La utilidad de una acción o política social está determinada por la cantidad total de felicidad o placer producido por la acción, menos la cantidad total de infelicidad o dolor producido por ella.

5) John Stuart Mill (1806-1873):

Mill se desenvuelve como un Utilitarista más sofisticado que Bentham. Distinguió la producción de la distribución y a causa de su desencantado con el laissez faire (libre mercado), creía en el mercado sólo como un mecanismo para organizar la producción, pero encontró mucho que criticar en cuanto a la forma en que la riqueza y el ingreso eran distribuidos por el mercado. Afirmaba que la distribución de la riqueza social podía ser objeto de una elección social (ej. mediante la política gubernamental) en el contexto de un sistema de mercado; es decir, la riqueza podía ser redistribuida por el Estado.


Por otro lado, Mill fue un fuerte defensor de la libertad personal, es el padre de la distinción entre la libertad personal y libertad económica, además de precursor de los liberales contemporáneos.

La Primera Guerra Mundial y la creciente difusión del socialismo, mermó el orden liberal del mundo. Elementos antiliberales en Alemania y Rusia ganaron terreno. El socialismo puede ser definido en relación a la propiedad social de los medios de producción; esto es, la propiedad social implica que las personas en su conjunto sean las propietarias de los medios de producción a través del Estado.

Durante el siglo XIX y XX, el socialismo en una forma u otra estaba en la vanguardia, los impulsos democráticos en el socialismo eran poderosos, pero las preocupaciones liberales sobre el destino de la persona individual bajo un sistema de visión social, masiva, estaban presentes. El socialismo y el liberalismo coexistieron con extrema dificultad: ambos de alguna manera un poco forzada eran mejoristas, universalistas, igualitarios, pero disentían profundamente en cuanto al gobierno no intervencionista y la neutralidad estatal.

Pero quizás el cambio más fundamental en las sociedades liberales (desde el interior) fue la generalización de la democracia, el aumento de la democracia “mayoritaria”; es decir, un sistema en el cuál casi todo, especialmente la economía, está sujeta al control democrático (proceso político). Así, teniendo en cuenta esta visualización acerca del papel del Estado, la competencia por la obtención de votos en una democracia hizo inevitable que el Estado interviniera cada vez más en la esfera privada.

De tal manera, que pensadores como John Maynard Keynes, aseguraban que el libre mercado, sin limitaciones, muy probablemente se estancaría, ya que no todos los recursos estarían productivamente empleados, especialmente los trabajadores, y el desempleo sería permanente a causa de los ahorros que no son convertidos en inversiones, disminuyendo la demanda agregada.

Por tanto, Keynes postulaba que las economías lentas necesitan algo que las hiciera despertar y precisamente ese era el papel del Estado a través del gasto público. Afirmaba que, en las épocas de depresión y recesión, el gasto público era una buena medida porque incrementaba la demanda agregada. Sus ideas tuvieron un fuerte impacto para los políticos quienes vieron la oportunidad de comprar votos con dinero prestado (deuda pública) y justificar una mayor intervención estatal en la esfera privada.

6) F.A. Hayek (1903-1991):

Su trabajo fue utilizado en gran medida como referencia durante el siglo XX, las aportaciones de Hayek al pensamiento liberal son muchas, pero dos son las principales:

La primera es la idea de que la asignación racional de recursos en un sistema económico socialista es imposible. Por socialismo, entendía una economía planeada centralmente en la que el gobierno controlaba o era propietario de los medios de producción. Así, el rechazo al socialismo era una condición necesaria para la supervivencia de una sociedad libre, pues propiciaba fuertes tendencias totalitarias. Probablemente exageró la situación, pero era evidentemente que el socialismo concentraba el poder económico y político en manos de aquellos que controlaban al Estado.

La segunda aportación estriba en que la interferencia del gobierno en la forma de "manejar la economía" es intrínsecamente desestabilizadora, principalmente a causa de la manipulación de la oferta de dinero y del crédito. El gobierno interrumpe la operación del mercado económico y crea ciclos económicos de pobreza y estancamiento.

7) John Rawls (1921):

Rawls con sus obras Teoría de la Justicia y Liberalismo Político, representa un regreso a la filosofía política clásica. El tema principal es una teoría de la justicia, que se pregunta cuáles son las instituciones de una sociedad justa, que en alguna medida justifique o legitime la presencia de la actuación del Estado.

La respuesta se inclina por la existencia de dos principios de la justicia:

1) Cada persona debe disfrutar de un máximo de libertades compatible con un conjunto de libertades iguales para todos, y

2) las desigualdades sociales y económicas son permitidas en la medida que benefician al menos aventajado.

El primer principio tiene prioridad sobre el segundo en caso de conflicto.

Así, Rawls es liberal en la medida que otorga absoluta prioridad a los derechos civiles y políticos, además de considerar al Estado como neutral entre los diversos conceptos de la vida buena.


8) Robert Nozick (1935):

Es un liberal con raíces Lockeanas que refuta el anarquismo y al Estado de bienestar. Su principal preocupación es la defensa de los derechos, principalmente la libertad de expresión. Convida con la idea del “Estado vigilante” (night watchman state), cuyas únicas funciones sean proteger la vida y la propiedad.

9) James Buchanan (1927):

James Buchanan ha desarrollado sus principales ideas con el apoyo de Gordon Tullock en su obra “El Cálculo del Consenso” dentro de la Escuela de la Elección Pública (Public Choice). Para comprender las visiones de James Buchanan y Gordon Tullock, debemos considerar primero lo que en economía es llamada “la teoría de las fallas del mercado”; es decir, los problemas de asignación de recursos (provisión de bienes públicos, externalidades, problemas de información y monopolios), problemas de distribución del ingreso y problemas de estabilización económica.

Así, el gobierno es concebido como un corrector de las fallas del mercado, lo que en gran medida lo justifica. Sin embargo, también existen fallas del gobierno, así como fallas del mercado. La elección pública es la teoría de las decisiones de la colectividad, que incluye, una teoría de las fallas del gobierno, es decir, fallas estructurales en la toma de decisiones que conducen a resultados no deseados.

James Buchanan fue el primero en reconocer y discutir de manera sistemática el hecho de que la actividad gubernamental muy a menudo tiene beneficios concentrados, costos muy difusos y asimetrías en materia de información. Con Gordon Tullock aplicó los modelos económicos (hombre económico racional) de mercado a las decisiones del gobierno, bajo la idea de que las dependencias gubernamentales son similares a las empresas, los burócratas a los gerentes, los políticos a los empresarios y los votantes (o grupos de interés) son similares a los consumidores. Explicándose así el motivo o causa del crecimiento del Estado, su mayor intervención.

Finalmente, en los últimos 20 años se ha observado un resurgimiento del liberalismo clásico abanderado por el surgimiento de la escuela austriaca de pensamiento económico, la elección de Ronald Reagan (Estados Unidos) y Margaret Thatcher (Inglaterra), el impulso de la Escuela de Chicago (Milton Friedman) y el renovado interés mundial por el libre mercado.


*Universidad Veracruzana . “Historia del Liberalismo “Universidad Veracruzana (2012)

[1] SARTORI, Giovanni. Teoría de la Democracia. Los Problemas Clásicos. México, Ed. Alianza, 2000. Pág. 463, Vol. II. [2] LOCKE, John. Segundo Tratado de Gobierno. Buenos Aires, Ed. Ágora, (1689) 1959. Pág. 31. [3] MILL, John Stuart. Sobre la Libertad. Madrid, Ed. Alianza, (1859) 1997. Pág. 68. 4 LOCKE, John. Op. Cit.. Pág. 84. [4] BERLIN, Isaiah. Libertad y Necesidad en la Historia. Madrid, Ed. Revista de Occidente, 1974. Pág. 145. [5] Véase a STEINER, Hillel. An Essay on Rights. Oxford, Ed. Basil Blackwell, 1994.

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