• Michel Fernández Pérez

Ensayando la Cuba del futuro


Foto © Jonathan Alpeyrie / Polaris Imágenes

El diálogo entre los diversos actores de la sociedad civil cubana que aspiran al reconocimiento del pluralismo político es una necesidad impostergable. Esto se manifiesta de forma inmediata en el desarrollo de acciones comunes para acelerar el cambio a un sistema que garantice el goce de todos los derechos civiles y políticos. Y en un segundo plano en cómo pensar y diseñar la Cuba que queremos para el futuro.


Desde mi perspectiva la sociedad civil cubana, tanto la que está asentada en la Isla, como la que se desarrolla en otros países, debe tener un objetivo central, teniendo en cuenta la crisis que vive nuestro país, buscar todas las vías para ayudar a los cubanes. Este sería el primer punto sobre el que se puede desarrollar un dialogo para coordinar y facilitar esta ayuda. Esto ya ha comenzado y se ha ido canalizando algún tipo de ayuda, tales como las redes de distribución de medicamentos y otros bienes esenciales, pero aun de forma muy limitada.


No comparto la idea de colocar a los cubanes en una situación de desesperación y necesidades para así “forzarlos” a ser más activos contra el gobierno, primero porque va contra mis principios morales, segundo la mayoría de los voceros de este tipo de políticas no residen en Cuba y no sufrirían sus consecuencias y tercero la historia ha demostrado que no ha sido efectivo y ha sido una justificación perfecta para que el gobierno encubra su ineficiencia y aliente el mito de la excepcionalidad cubana, como pequeño David frente al Goliat imperialista. Lo más importante es ayudar al cubane, que está pasando trabajos, y parece que siempre estamos atrapados entre dos fuegos cruzados y los cubanes de a pie pagamos las consecuencias.


Si bien las acciones de la sociedad civil cubana que no comparte el modelo de socialismo cuartelario de Estado deben ir enfocadas en primer lugar hacia cómo avanzar hacia un tipo de Estado que reconozca el pluralismo político, coordinando acciones, creando un frente común, visibilizando la represión y la violación del Estado de derecho, entre otros puntos, el objetivo de este artículo se centra en el diseño de la Cuba posterior al cambio.


La realización de este diálogo es cada día más sencilla. La sociedad civil cubana cuenta con herramientas y mecanismos que pueden ser las que visualicen este tipo de debate, tales como medios de prensa de reconocido prestigio, plataformas editoriales, activismo en las redes sociales y sobre todo un número cade vez mayor de cubanes que tienen el talento y el deseo de pensar una Cuba mejor. Todo esto se posibilita aún más con el desarrollo de las redes sociales y los medios de comunicación online que hacen posible sostener un debate, sin necesidad de compartir el mismo espacio físico.


En este diálogo de futuro hay un punto que debe estar en cada uno de los temas que se discutan y es presentar la posibilidad de que el modelo de Estado y sociedad posterior al que está vigente hoy en Cuba pueda ser más democrático, eficiente, transparente y más justo socialmente. Brindando los elementos objetivos que desmientan el discurso del régimen cubano, que todo cambio, toda transición, llevará necesariamente a un Estado fallido.


Otro de los puntos esenciales de este debate debe ser el de las relaciones de propiedad, ya que de estas va a salir el resultado de los que ejerzan el poder real en Cuba. Es muy importante evitar que se pase de la concentración de la propiedad en manos del Estado a la concentración por entes privados, ya sean los antiguos funcionarios o nuevos capitalistas, aliados o no de los que controlen el proceso de transición. En este sentido se cuenta con la experiencia negativa de las transiciones en la ex Unión Soviética y otros países socialistas, pero también con experiencias positivas de cómo administrar correctamente la propiedad pública y como garantizar que las relaciones de propiedad resultantes de la transición empoderen a los cubanes.


Otro de los ejes de esta conversación es el reconocimiento de todas las fuerzas políticas y no repetir los patrones de exclusión del sistema de socialismo cuartelario cubano, como parte del diseño de un programa para el cambio que garantice la pluralidad política y evite la polarización. Ver la democracia como una conversación entre iguales y reconocer las diferencias como algo natural y positivo. Habría que evitar todo lo que genere concentración de poder y sistemas donde la mayoría “oprima” a la minoría. Esto se expresa concretamente en el sistema de gobierno que debe existir, el sistema electoral, las leyes de partidos políticos, los niveles de descentralización en el ejercicio del gobierno y las posibilidades de desarrollar mecanismos constantes y efectivos de participación popular de carácter vinculante.


Otro punto fundamental de debate es la defensa de la soberanía nacional, entendida como reflejo de la soberanía popular, que es la única fuente legitima de poder del Estado. Un elemento esencial en el desarrollo de la Cuba del futuro es su relación con Estados Unidos y cómo manejar la asimetría de poder existente entre ambas naciones y aprovechar las ventajas de la cercanía geográfica y cultural a ese país.


Por último, considero que todas las políticas deben estar dirigidas a favorecer el pleno desarrollo de los grupos sociales históricamente más desfavorecidos, creando las oportunidades para que estos rompan con las desigualdades estructurales presentes en la sociedad cubana desde mucho antes de la revolución cubana.


Estas son algunas ideas generales sobre los puntos que, desde mi perspectiva, deben guiar el debate y hacer más claro el camino para la construcción de una Cuba más inclusiva y democrática.

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