• Teresa Díaz Canals

El chirrido mecánico de la cultura cubana


Imagen © El Nuevo Herald

«No hay bienestar sin ensoñación,

ni ensoñación sin bienestar.

Por la ensoñación descubrimos que el ser es un bien.

Un filósofo diría: el ser es un valor».

Gaston Bachelard,

La poética de la ensoñación.



Escuché una explicación en el Programa Hacemos Cuba del 24 de octubre de 2022 sobre lo que significa tranquilidad ciudadana y orden público mediante una imagen de protesta de un grupo de personas que tuvo lugar recientemente. Quedé preocupada en extremo. Provocaron en los televidentes cierto temor con un claro mensaje de que en este país las manifestaciones de inconformidad ante un orden social (injusto y deprimente) son penadas por la ley. El vicefiscal argumentó que la obstrucción de las calles provoca afectaciones, pues otras personas no pueden circular libremente. Recordó la famosa frase del político mexicano Benito Juárez expresada en 1867: «El respeto al derecho ajeno es la paz». Parece olvidar el especialista que la misma se refiere tanto a lo colectivo como a lo individual, y esos seres humanos indignados exigen atención, porque sus derechos a una vida decente han sido totalmente vulnerados. A su vez, el moderador recordó que los disgustados utilizan a menores para estas actividades, y ello es también condenable jurídicamente. Conversaron acerca de que la presencia de niños en estos escenarios constituye un hecho delictivo y una agravante a los supuestos delitos cometidos. Además, el jurista invitado comentó que es importante exigir derechos con responsabilidad, que cualquier Estado se defiende mediante mecanismos de protección cuando ocurren alteraciones sociales. A José Martí lo hubieran citado a la policía por escribir esta idea: «Se estalla porque se estalla, sin que en la hora del infortunio se sepa la manera de estallar».[1]


La disertación en esta transmisión me hizo recordar el análisis que hace el filósofo Martin Heidegger en su texto «Holderlin y la esencia de la poesía». Aquí el pensador alemán argumenta que la palabra es el peligro de los peligros porque, precisamente, comienza por crear la posibilidad misma de peligro. En sus declaraciones estos individuos que muestran el peso de la ley crearon un campo abierto a amenazas contra determinadas personas y así posibilitan la pérdida del ser, es decir, el peligro. No son conscientes, con sus demostraciones de poder, que la faena propia de la palabra es que llegue a ser comprendida y se haga común, porque, en definitiva, la palabra debe ser un bien. José Martí advirtió: «Convendría que los jueces visitasen de vez en cuando en calidad de presos las prisiones».[2]


Farvisión, el programa castrense exhibido en las noches de miércoles, es una de las cosas más obsoletas de Cuba en cuanto a televisión. Se sigue transmitiendo un lenguaje bélico, aburrido, detestable. ¿Por qué no hacen una encuesta sociológica para valorar su sustitución por otro, digamos el viejo San Nicolás del Peladero, si no tienen otra cosa que ofrecer? Al menos tenía calidad.


Otra noticia que atentó contra la cultura política, por su falta de democracia, es la citación oficial hecha a la profesora Alina Bárbara López Hernández para que concurriera a una entrevista con la contrainteligencia. Fue un proceder irracional, demuestra que están ajenos a que en esa mujer todo lo que siente está pensado. Cada una de sus reflexiones es una verdad meditada. Cubana digna y paradigma del cimarronaje intelectual, es una vergüenza que no se trate con respeto. ¿Qué tiene que ver esta honesta y valiente historiadora y filósofa con una organización militar? ¿Cuál era el objetivo de la entrevista? ¿Intimidarla? ¿Silenciarla? Son los políticos los que deben convocarla, escucharla, honrarla. «Desde que somos diálogo y podemos los unos escuchar a los otros», decía Holderlin en uno de sus poemas geniales. Lo propiamente humano no es tanto ver, como dar a ver, establecer un marco a través del cual una cierta visión sea posible. Esta situación se resolvió gracias al prestigio de Alina y por la utilización adecuada de la ley del procedimiento penal. No obstante, esto no hubiera resultado así si se hubiera tratado de cualquier ciudadano(a) común. Por solo poner un ejemplo, se encuentra en la cárcel en estos momentos ―condenado a seis años con internamiento― un muchacho de 21 años por manifestarse el 11 de julio, Gilberto Castillo Castillo, de Güira de Melena, pero su cerebro es como el de un niño de 12, no sabe leer ni escribir. A un depredador sexual, que dañó a alrededor de treinta mujeres, se le impuso una pena de cinco años sin internamiento y para colmo, se habla de un avance tremendo en cuestiones de género por esta gran medida. Le recordaría al vicefiscal una frase de un patriota nuestro, de ese hombre que nos enseñó a pensar porque aspiraba a que la primera tarea de los cubanos todos fuera la de pensar: «La ley injusta no es ley».


Fue divulgado en las redes que una madre denunció que sus dos hijos están presos. Al varón, entre cuatro hombres ―por estar presente en un cacerolazo por la falta de luz eléctrica en el barrio del Vedado― le propinaron una golpiza que hizo que se desmayara. Este hecho es inadmisible desde cualquier punto de vista, no es posible quedar imperturbable ante esta violencia paramilitar, demuestra una cultura política nula. La libertad se manifiesta en una situación ética si mantenemos vivas las metamorfosis, si frente al orden normativo (moral, jurídico y/o político) se alza la posibilidad de la transgresión. «Dolor infinito, porque el dolor del presidio es el más rudo, el más devastador de los dolores, el que mata la inteligencia, y seca el alma, y deja en ella huellas que no se borrarán jamás».[3]


Vuelven las palabras a sorprender. Una jefa de algo comunicó por televisión que pronto «celebraríamos» un aniversario más de la fundación de La Habana. Hizo una comparación: cuando celebramos un cumpleaños nos emperifollamos, festejamos de la mejor manera posible. Por esta razón la capital será engalanada para esa importante conmemoración. No supe si reírme o llorar; una urbe destruida, triste, sucia, miserable, que cuando llueve se inunda porque los alcantarillados se atascan debido a la basura increíble que se arroja en las calles cotidianamente. No existe una cultura de aseo urbano, de cuidado medioambiental, de higiene en las diversas comunidades. Lo estético es también ético.


¿En qué se convierte de manera paulatina la cultura del pueblo, el civismo de la nación? Prefiero recordar los cuatro versos del poeta y ensayista británico Wystan Hugh Auden, algo que es posible que a muchos les parezcan intrascendentes:


Todas las palabras como Paz y Amor

todo discurso afirmativo y cuerdo

había sido mancillado, profanado, degradado

hasta tornarse horrendo chirrido mecánico




[1] Martí, José: «Correo de los teatros», en: Obras completas, edición crítica, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2001, t. 4, p. 80. [2] Martí, José: «Cadenas y grillos», revista Universal, 24 de diciembre de 1876, en: Obras completas, edición crítica, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2001, t. 4, p. 324. [3] Martí, José: «El presidio político en Cuba», en: Obras completas, edición crítica, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2009, t. 1, p. 63.

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