• Massiel Rubio

Educación y cultura como sostén de los Derechos Humanos


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«Urge en Cuba recuperar

una conciencia de ciudadanía activa,

crítica, creativa, autónoma y sensible».

«La educación es el arma más poderosa

que puedes usar para cambiar el mundo».

Nelson Mandela


La educación y la cultura son dos de los pilares sobre los cuales puede edificarse el desarrollo y mantenimiento de la justicia, no solo desde el marco legal, sino, sobre todo, desde el ejercicio del pensamiento liberado y en constante duda hacia los dogmas del pasado y el presente, como la mejor forma del pluralismo posible. Ambas permiten, diría que con mucha más permanencia en el tiempo y eficacia que la ley, trasforman el entorno y colocar al sujeto de derecho en el centro y no en la periferia, como parte misma del poder movilizador y no como marginado del mismo.


Todo problema social es también un asunto pedagógico. La educación deberá, en una Cuba futura, liberar en el ciudadano la capacidad de debate y análisis de la realidad desde múltiples referentes y fuentes; descentralizar el pensamiento político; y forjar valores éticos que tengan la capacidad de razonar todo orden cultural, político y moral. El ejercicio responsable de la democracia dependerá en gran medida del esfuerzo consciente que se deposite en ello. Urge en Cuba recuperar una conciencia de ciudadanía activa, crítica, creativa, autónoma y sensible.


Renovar la esfera cultural no es menos importante. Liberar al arte de las ataduras de autocensura y la censura oficial, respetando el carácter contestario con que esta, desde sus múltiples formas, reviste al ser humano en la búsqueda y mantenimiento de sus derechos, debería estar entre las prioridades para el fortalecimiento de un Estado democrático. También movilizar el lenguaje apoltronado con el que se han disfrazado de eufemismos todos los descalabros establecidos por la ineficiencia, el control y la centralización por parte del poder establecido; rescatar la historia desde la visión de aquellos que no están en el poder; y permitir el intercambio con otros referentes mundiales, así como colocar en valor a Cuba en el mercado mundial en materia cultural, no solo desde el aprovechamiento económico, sino desde la capacidad de renovación y desarrollo intelectual que este ejercicio permite.


Ni la educación, ni la cultura como expresión de la realidad social y política deberían subordinarse a ser un mero ejercicio de validación de una ideología en el poder, su esencia misma radica en la libertad y no en la mordaza, en el fortalecimiento de las individualidades, es por ello vital rescatarlas a ambas de su esclavitud y servicio. Unos ciudadanos formados en el ejercicio del cuestionamiento, y en la libertad para exponerlo, tendrán también la capacidad de exigir y mantener sus derechos y los de su comunidad ante cualquier poder establecido, y, por tanto, renovarse y corregirse continuamente, dando paso al progreso.

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