• Alain Espinosa

Democracia por sobre ideología


Foto © El País

lo único que justifica gobernar a hombres libres e iguales es que cada uno gobierne por turno. Cuando los gobernantes se perpetúan en el poder los ciudadanos dejan de serlo y se convierten en súbditos”.


Aristóteles, Libro III de su Política.


A lo largo de las últimas seis décadas el gobierno cubano ha desatado una feroz lucha en el país con el único objetivo de instalar la idea de una supuesta imposibilidad de coexistencia entre visiones políticas de izquierda y derecha, otorgando un derecho preferente y absoluto a la ideología política de izquierda, no solo sobre la derecha sino también por sobre el respeto, la tolerancia y la igualdad de derecho entre los ciudadanos, y para ello plantea la obligación de defender el sistema socialista por todos los medios posibles. A partir de esta realidad cabe preguntarse si el fondo del conflicto y sus posibles soluciones estriban en un tema de ideologías o de respeto por la democracia.


Para poder realizar un análisis profundo se hace necesario definir un objetivo común, que bien podría, o debería ser, tener una sociedad estable, entendiendo por estable una sociedad en la que podamos desarrollarnos todos en un marco de paz, igualdad de derechos y respeto, o tener una sociedad donde la hegemonía de una ideología justifique las desigualdades; básicamente vivir en democracia o en dictadura.


Tradicionalmente entendemos el termino democracia como la voluntad popular expresada en un sufragio, dentro de un marco constitucional que establece la relación entre el Estado y los ciudadanos, y los límites de cada uno tanto en derechos como en atribuciones. Sin embargo, ¿qué pasa cuando dicha expresión es de algún modo controlada por quienes detentan el poder?, o ¿cuándo la representación adquirida mediante la voluntad expresada en los sufragios es utilizada en detrimento de los votantes?


Entender la democracia simplemente como la voluntad expresada en un sufragio es una interpretación extremadamente acotada de lo que en definitiva debe ser una verdadera democracia. El sufragio es solo una parte de la voluntad popular, que debe ser completada con un ejercicio correcto de cada uno de los poderes a fin de garantizar las libertades de los ciudadanos en condiciones de igualdad -únicamente restringidas por la necesidad de un orden social superior y objetivo.


Es necesario comprender además que la democracia tiene diversas formas de expresión, siendo la más importante de ellas el mecanismo de balance y control que se establece mediante la separación de poderes, y se erige como la herramienta por excelencia para impedir cual cualquier forma de tiranía o exceso de poder. Y para su concreción es imprescindible el respeto de ciertos elementos básicos dentro de los que destacan:


La igualdad ante la ley, como premisa insoslayable que debe existir, no sólo en la esfera civil e individual, eliminando todo tipo de discriminaciones, sino también en la esfera política. Todos los ciudadanos y partidos políticos deben tener acceso al gobierno; precedida de una competencia electoral que garantice la igualdad de oportunidades en cuanto al financiamiento, el acceso a los medios de comunicación, la independencia de los organismos que dirigen el proceso electoral, y el uso de los organismos y medios del Estado.


Como parte de esta necesaria igualdad ante la ley en la esfera política cobra especial importancia garantizar la aplicación de una Constitución que, más allá de la conveniencia de quienes ejercen el poder, asegure que el gobierno sea ejercido con las limitaciones establecidas por ella, incluyendo un tiempo de mandato coherente, y el sometimiento a un permanente control que incluya herramientas contra mayoritarias que lo hagan efectivo, además de la pluralidad. Entendida esta última como el respeto por los partidos políticos que conforman la oposición, garantizando la plena organización, vida interna y libertad de actuación de los mismos.


El Estado de Derecho, como elemento indisolublemente unido a la democracia y que tiene como principio inspirador la subordinación de todo poder al Derecho, tanto interno como internacional, y desde el nivel más bajo hasta el más alto. El Derecho ha de ser el encargado de determinar expresamente los límites de actuación de cada una de las partes y las herramientas necesarias para materialmente garantizar y restaurar el orden y los derechos cuando sean quebrantados.


La libertad de expresión, la cual existe en estrecha relación con la Democracia. Para muchos de los grandes estudiosos del tema es imposible hablar de Democracia en ausencia de libertad de expresión, llegando inclusive a clasificar a las democracias según la calidad de su información, elemento central de la libertad de expresión, y el carácter esencial de la libertad de prensa, elemento que constituye un reaseguro de información acerca de la vida social y de los asuntos públicos.


Indudablemente, a través de la posibilidad permanente de debate público y de cuestionar a quienes gobiernan se pueden fijar límites al ejercicio del gobierno. De ahí que la libertad de expresión y el libre acceso a la información estén íntimamente ligados a la Democracia y constituyan una de las formas más efectivas de control ciudadano sobre los poderes que integran el Estado.


Cada uno de los elementos antes expuesto y que constituyen parte indisoluble de una Democracia real, se encuentran vulnerados a exprofeso tanto en el ámbito formal como en el material en la Cuba post 1959. Tristemente nos ha tocado ser testigos de primera mano de un gobierno que en las últimas seis décadas ha sometido al país a una involución institucional que comenzó con la eliminación del pluripartidismo y con ello toda forma de participación ciudadana en la vida política del país, reservando la totalidad de los cupos correspondientes al poder ejecutivo, legislativo y judicial a los acólitos de su partido político, controlando de manera absoluta la información y toda forma de expresión, para finalmente sustituir el Estado de Derecho por lo que ha decir del actual presidente es una unidad de poder, que se encarga de reconocer los derechos de manera discrecional y garantizar impunidad a sus trasgresores.


Los principios de división de poderes, periodicidad de las funciones, responsabilidad de los gobernantes y publicidad de los actos de gobierno son requisitos indispensables de la Democracia y la República. Si no se cumple con los mismos, no existe ni una ni otra.



0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo