• Abdel Legrá Pacheco

Debemos asumir los sacrificios del cambio, sin dejar de cuidar lo alcanzado

Actualizado: ago 1

Responde Abdel Legrá Pacheco, activista político opositor y excandidato independiente a delegado de la asamblea municipal. Ofrece sus consideraciones acerca del actual estado de la sociedad cubana y del modelo político vigente, de los cambios que ello reclama, de la necesaria virtud ciudadana, y del imperativo de dinamizarnos como nación.


1) ¿Cuáles son los mayores retos de cambios de la actual sociedad cubana? ¿Cuál podría ser su evolución?


Desde una observación no académica, sino a partir de vivencias prácticas dentro del sector estatal, luego en el emprendimiento (TPC), y también en el activismo político, ofrezco impresiones referentes a las estrategias y gestión de cambios dentro de la sociedad cubana de hoy y sobre la próxima evolución de los acontecimientos en Cuba.


Actualmente la economía padece una situación precaria. Entre todos los problemas, quizá este sea el más grave. Las dificultades económicas suelen ser las que provocan estallidos sociales. Igual puede ocurrir en Cuba y dar al traste, con el proceso revolucionario de larga data.


Independientemente de los posibles logros revolucionarios en educación, salud y deporte, la dificultad económica ha llegado a extremos irreversibles, en cuanto a ineficiencia (se gasta más de un peso por peso que se gana), poca productividad y calidad de la empresa estatal socialista, poca profesionalidad de los encargados de la administración (cuadros estatales, no empresarios), falta de estrategias económicas.


Por otro lado, no emprenden soluciones porque poseen demasiado miedo a una apertura de libre mercado, al empoderamiento de un sector económico autónomo, y a una clase media con derechos y atribuciones dentro del contexto político, social y económico del país. Además, para evitar todo esto, para obstaculizar la creatividad humana, han creado un enjambre burocrático nocivo.


Pero lo peor de todo, dentro de este precario marco económico, es la actual poca vocación por el trabajo en la población cubana. Además, las jóvenes generaciones tienen su mirada en otros horizontes.

Todo lo anterior denota el desgaste social de varias generaciones que un día soñaron vivir en una sociedad con mínimos de satisfacciones. Lo cual se logra en algunos casos, paradójicamente, a partir del esfuerzo y sacrifico de muchos que optaron por marcharse del país en busca de esos nuevos horizontes.


2) ¿Dónde podríamos encontrar una especie de “piedra angular”, capaz de convocarnos para todo ello?

“Pensar como País”. Yace aquí, en esta nueva consigna, el dogma de Estado. Desde mi visión, esta nueva consigna también se presenta de modo excluyente, pues toda opinión que difiera de la oficialista se considera que no piensa como país, que responde a intereses foráneos, por lo general a los intereses del vecino del norte (USA).


Mi propuesta, contraria a la consigna estatal, es “Pensar como Nación”. Somos una nación dividida y fragmentada, con casi un poco más de tres millones de cubanos y un número indeterminado de sus descendientes que viven fuera de Cuba. Ellos están excluidos de todo proceso político, social y económico del país. Igual, los 2 millones 482 mil cubanos que votaron contrario al reciente proyecto constitucional de 2019. (Me refiero a los que no votaron, votaron no, anularon las boletas y dejaron en blanco).


La agenda de los decisores de las políticas del país debe incorporar la decisión de que todos los cubanos, vivan donde vivan y piensen como piensen, son una misma nación. No habrá real solución sólo apostando al gran capital financiero y a la inversión extranjera, incluso por encima de los nacionales cubanos. Esto resulta un error grave, que únicamente muestra las estrategias a favor de un posible Capitalismo de Estado con una sociedad socialista al estilo asiático (China, Viet Nam). Esto no es correcto; además, por idiosincrasia y por cultura, no somos asiáticos.


Asimismo, el oficialismo considera un fatalismo geográfico, que perjudica la construcción de un estado socialista, la cercanía con la potencia económica más grande del mundo (USA).


3) ¿Qué opina usted al respecto?

Enfriar este conflicto debería ser el primer objetivo de los decisores de las políticas del país. Además, debería prescindir de ese pretendido liderazgo de izquierda en el hemisferio. También establecer un Estado Plural y Democrático con un Estado de Derecho fuerte y solido, donde las Instituciones jueguen un papel determinante, y no dejen margen a la corrupción y el clientelismo, que tanto daño ha ocasionado a los pueblos de nuestra América y al nuestro también.


La presencia en Cuba de un Estado Democrático, con un fuerte Estado de Derecho, puede instituir las condiciones precisas para una buena relación económica con el vecino del norte (USA). Cuba carece de recursos materiales y minerales, nuestro mayor valor esta en lo humano y en su posición geográfica entre la vieja Europa y el continente Americano. Eso debería tributar a nuestro favor.


El embargo-bloqueo puede ser eliminado. Esto abriría las puertas a muchas otras ventajas económicas y de mercados, y a la recuperación total de nuestro territorio nacional (B.N.Gtmo). De este modo, esa zona podría convertirse en un espacio industrial Cuba–USA, capaz de generar empleo y desarrollo para toda la región Oriental del país, atenuando así la gran desigualdad regional existente hoy. Muchas otras relaciones beneficiosas podrían establecerse, a través de un marco de respeto.


No debemos continuar del modo que vamos, si bien todo proceso de cambios traerá perdedores. Habrá que tomar decisiones difíciles a corto tiempo. Debemos comprender que el daño es profundo y restablecerlo conllevará sacrificios, sin dejar de cuidar lo bueno que se ha logrado o por lo menos sus bases.

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