• Teresa Diaz

Cuba es hoy un país deshecho, oprimido, agobiado, esclavizado

Actualizado: 30 ago


Imagen © Teresa Díaz Canals

Responde a Cuba Próxima la profesora Teresa Díaz Canals, investigadora CUIDO60.


1- Desde su perspectiva, ¿cuál es la situación de los Derechos Humanos en Cuba?


La filósofa Victoria Camps, en un prólogo al texto Ver claro en lo oscuro, escribió lo siguiente: «La moral de Occidente es una moral del individuo y de las libertades individuales. Los Derechos Humanos son derechos individuales, destinados a proteger a cada cual de los abusos de los poderosos o de intervenciones ilegítimas». No es difícil, con este análisis de la destacada pensadora española, constatar cómo se han violado de manera sistemática los derechos de millones de personas en Cuba: el derecho a la alimentación adecuada, al acceso a las medicinas y a un tratamiento médico satisfactorio, a vivir en un espacio donde existan garantías de vivienda y transporte público, a la posibilidad de pensar y expresarse, no ser juzgado ni discriminado por ello, el derecho a salir y entrar a la tierra de nacimiento libremente. José Martí escribió en 1888: «¡Pelear es una cosa y gobernar otra! (…) Un pueblo no es un campo de batalla». Al militarizar la vida cubana le arrebataron también un derecho fundamental al país: la paz.


2- ¿Cuáles considera usted son las violaciones de Derechos Humanos más frecuentes en Cuba?


Durante décadas a mi generación le inculcaron que el derecho a la salud, la educación y a todo se lo debíamos a la llamada Revolución, porque crecimos con ella, esa fue nuestra gran culpa, no haber participado del supuesto proceso liberador. ¡Qué antimartiano todo! «A mí, que de memorias vivo, de memorias y esperanzas (…) a mí, que no consentiré jamás que en el goce altivo de un derecho venga a turbármelo el recuerdo amargo del excesivo acatamiento, de la fidelidad humillante, de la promesa hipócrita, que me hubiesen costado conseguirlo».


La violación de los Derechos Humanos más frecuente en Cuba es la falta absoluta de libertad de pensamiento y, por tanto, de la libertad de expresión. Todavía hay gente que se apresura a juzgar para no ser juzgado. Como narrara Albert Camus en su tercera y última novela, La caída, «somos todos como aquel joven francés que, en Buchenwald, se obstinaba en presentar una reclamación ante el escribiente, un prisionero también, que anotaba su llegada. ¿Una reclamación? (…) Es inútil amigo, aquí no se presentan reclamaciones». Y desde cuándo en esta Isla se habla en voz baja, pensar en ese tono es una manera de mentir.


3- De acuerdo con su experiencia personal, ¿qué mecanismos de garantía de los Derechos Humanos existen en Cuba? ¿Son efectivos?


La gente en este país no suele hacer uso de los mecanismos existentes para reclamar sus derechos. Recuerdo que hace unos años una persona estuvo alrededor de dos años sin poder trabajar por tener un diferendo profundo con una mujer de elevada posición en la cúpula de poder. Después del juicio continuó en otro centro laboral, pero qué mayor castigo para un ser humano que dos años sin derecho a trabajar hasta que se resolviera el diferendo. Por eso, es raro ver que se reclamen derechos. El sindicato es una institución que no defiende a nadie que reclame algo, es una institución nula en ese aspecto, constituye un aparato de sumisión y propaganda, siempre recogiendo su cuota mensual. Por mucho tiempo teníamos que donar un día laboral al año a las Milicias de Tropas Territoriales (MTT), una manera más de mantener a una burocracia totalmente improductiva y con lenguaje asambleario.


Recuerdo que por televisión determinados funcionarios mostraban números de teléfonos para que nos quejáramos ante arbitrariedades en las tiendas, una vez hice la prueba y llamé, todo era una mentira, una burla. Reclamar un derecho humano en Cuba actualmente es igual que sentarse ante una pared sin puertas.


4- ¿Qué instituciones políticas, jurídicas o sociales usted propondría para una mejor garantía de los Derechos Humanos, tomando en cuenta su experiencia de vida?


Según mi experiencia, como instituciones, ninguna. Solo una vez, ante la negación de mi ascenso a la categoría de profesora titular, cuando se la otorgaron a cualquier profesor con el tiempo requerido, reclamé a la que era entonces secretaria general del sindicato del organismo para el que laboré ― sin dejar huellas― durante cuatro décadas. Después de varios libros publicados en ese momento y de ser miembro del Consejo Científico de la Facultad, el jefe inmediato se negó a otorgarme tal categoría. Como conocía muy bien a la dirigente, ella reconoció el error e intervino a mi favor, a los pocos días bajó la plaza. Otra vez pedí mi baja para irme a África a trabajar de manera privada, me dijeron que le escribiera al rector, lo hice. Mientras tanto, el jefe habló con la mozambicana que me ofrecía una plaza en una universidad privada, le dijo que yo estaba loca, que lo que estaba haciendo era robo de cerebros e inmediatamente desistió la señora. Para que el rector me diera la baja, le tuve que decir mi verdad: no tenía una cama para dormir, no tenía dinero para comprarla en ese momento. El señor se impactó, me contestó: «No le prometo nada». Cuando dijo eso creí que mi problema se resolvería en Cuba, que me otorgaría una casa atendiendo a mis años de trabajo. Pues no, era para decirme que intentaría resolver una cama de la beca. Fue demasiado humillante, me negué a esa gestión de migaja.


Ese mismo personaje me despidió en un momento extremadamente difícil, cuando comenzó la pandemia. Para esa fecha ya me había jubilado, pero continué trabajando como estrategia para recibir un poco más de ingreso, nunca pensé que mi labor como profesora había terminado. Fue muy cruel el despido, extremadamente injusto, mientras que al resto de los jubilados los mantuvieron como docentes. ¿Cuántos profesores fueron despedidos por motivos políticos? Tristeza de la verdad.


5- ¿Considera que el diálogo y la negociación son instrumentos válidos para superar las violaciones de los Derechos Humanos en Cuba o cree pertinente otras vías para alcanzar este objetivo?


Tendría que darse un conflicto interno dentro de las fuerzas de poder, que como resultado de una crisis política se desmoronara el Gobierno, lo que es casi improbable, aunque lo posible es posible porque es imposible.


Cuba, para una gran parte de la población, es un país ya invivible, lo que se soluciona con la emigración masiva, esta Isla se desangra día a día. Sin embargo, hay un sector social que no puede ir al exilio, para esto se necesita un mínimo de recursos. La desobediencia civil sería un recurso de resistencia al gran violador de los Derechos Humanos. No obstante, la sociedad se encuentra desestructurada. Lo que pasa es que, a pesar de eso, las manifestaciones y mítines de desesperación pueden surgir como un estallido social arrollador, como una alternativa de cambio. Otra posibilidad sería una mediación de algún organismo internacional, la Iglesia también, que influyera en hacer desistir a un sistema totalmente agotado e ineficiente. Cuba es hoy un país deshecho, oprimido, agobiado, esclavizado. Pero, como señalara Octavio Paz, «Si somos algo, somos esperanza de algo».





Nota: El texto fue alterado para corregir una imprecisión identificada por la entrevistada.



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