• Leonardo M. Fernández Otaño

Carta del intelectual católico Leonardo Fernández al papa Francisco, quizá aún sin responder


Foto © Facebook Leo Fdez Otaño

La Habana, 16 de julio del 2021.


Querido Papa Francisco:


Durante su visita a Cuba en el 2015, le hable a nombre de los jóvenes cubanos en el encuentro del 20 de septiembre en las afueras del Centro Cultural Félix Varela, hoy le escribo realmente desesperado.


Santidad varios laicos católicos y cientos de ciudadanos permanecen en las cárceles cubanas detenidos al día de hoy, por ejercer su derecho constitucional a la manifestación pacífica. Somos buenos chicos, hemos tenido que cargar con la cruz de los insultos, los golpes, las celdas de aislamientos y el temor de nuestros padres.


El pasado 11 de julio Cuba dijo basta al autoritarismo de estado, no tenemos comida, nos vende los objetos básicos en euros y a precios europeos, por tener un criterio diferente nos pueden golpear, expulsar de nuestros trabajos o difamar en la televisión pública. En Cuba hoy la represión esta al orden del día, en todas sus expresiones posibles. Santidad perdemos la fe, necesitamos su ayuda, una paternal palabra suya puede ser la salvación de cientos de jóvenes que terminarán en las cárceles cubanas.


Ayúdenos Santo Padre, yo fui detenido el pasado 11 de julio, entre golpe me sacaron mi Cruz (la esencia central de mi vida, no se imagina cuanto sufrí), pero ante tanto odio solo oré a Dios y nuestra Madre del Cobre. Puedo decirle con conocimiento de causa toda la violencia y las injusticias que están ocurriendo hoy en Cuba.


En mi celda había un menor de edad, por defenderlo fui a una celda de aislamiento, tanta crueldad sobre un adolescente de 17 años le puede fastidiar la vida. Créame que le escribo como un hijo desesperado al tierno abuelo, pidiéndole su ayuda, por caridad Pedro no nos abandone. Luego puede ser tarde, pues una cárcel implica el sufrimiento para ciento de familias y jóvenes que perderán toda su esperanza.


Un abrazo de un joven en espera de un proceso penal, estado de prisión domiciliaria y que de a poco pierde su esperanza por tantas lágrimas.


Esperando su bendición.


Leonardo M. Fernández Otaño

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