• Enrique García

Cambios-Diálogo y Reconciliación


Foto © Enrique García

Sin lugar a duda el tema Cambios-Dialogo y Reconciliación es algo que, de una manera u otra, desde diferentes perspectivas, interesa a todos los cubanos que deseen una nueva Cuba sin dictadura.


Mi experiencia en el servicio de inteligencia cubano en el exterior, el conocimiento también de cómo opera la contrainteligencia internamente y la manera de actuar de la máxima cúpula del régimen (antes Fidel Castro, hoy Raúl y un pequeño grupo), quienes utilizando la información proporcionada por los dos servicios mencionados y las herramientas que ellos les ofrecen toman decisiones, me hace llegar a las siguientes conclusiones:


1.- La mayoría (sino la totalidad) de aquellos diálogos que el régimen cubano ha iniciado, con Estados Unidos y determinadas figuras del exilio cubano, ya que nunca ha dialogado con la oposición en Cuba (que de hecho nunca la ha reconocido), han sido con el objetivo de obtener ventajas de algún tipo (casi siempre económicas) pero nunca para hacer cambios internos reales.


Hace muchos años leí un libro de Carlos Alberto Montaner que señala: “en toda negociación se da y se recibe pero que Fidel Castro la única negociación que entendía era recibir y dar palos”. Esa estrategia se ha mantenido intacta luego del fallecimiento del dirigente cubano.


Por citar solo un ejemplo, mencionaré el que puede ser considerado como uno de los primeros intercambios del régimen cubano con actores del exilio cubano, aquel que se desarrolló a finales de los años 70 que culminó con la transformación de los “gusanos en mariposas”.


Aquel diálogo tomó forma en el antiguo departamento Q-2 de la Inteligencia y su jefe, el coronel José Boajasan Marrawi, y el objetivo inicial del mismo (por la parte cubana) era utilizar a la comunidad emigrada como maquinaria de influencia sobre el gobierno de Estados Unidos a favor de los intereses políticos del régimen. Objetivo prioritario, al que luego se sumaron intereses de carácter económico para exprimir al exilio cubano como otra fuente de financiamiento.


Por estas razones es que, en mi opinión, no se puede iniciar un verdadero diálogo sin que el régimen cubano ofrezca pruebas claras de su voluntad real de cambio que -como mínimo- deberían ser:


a) Liberación inmediata e incondicional de todos los presos políticos y de conciencia. Ellos pueden decir, como acostumbran, que en Cuba no hay presos políticos pero todos sabemos quiénes son y en muchos casos conocemos las cárceles donde están así que la elaboración de un listado es factible.


b) Promover una reforma Constitucional que despoje al partido comunista de su condición hegemónica sobre toda la sociedad y los ciudadanos, como establece la Carta Magna vigente.


c) Establecer un marco legal que ampare todas las medidas necesarias para la democratización política y liberalización económica de Cuba.


d) Eliminar todas las restricciones al sector privado permitiendo que este pueda funcionar como en cualquier lugar del mundo libre; promoviendo la liberación total de las fuerzas productivas incluida la total independencia para importar y exportar, sin participación del Estado, poder recibir financiamiento externo para actividades económicas sin controles del Estado y sin gravámenes abusivos en ambas actividades.


Aspectos como estos se pueden discutir en una mesa técnica -con economistas y expertos cubanos- para determinar impuestos y tasas, bajo el principio político que los gravámenes estimulen la creación de riqueza y bienestar y nunca sean una carga que irrentabilice los esfuerzos del naciente sector privado.


e) Garantizar las libertades de expresión, asociación y prensa. Para la ejecución de este punto también se requieren modificaciones, o eliminaciones de artículos de la Constitución que garantizan lo opuesto y no se pueden llegar a acuerdos en negociaciones o mesas de dialogo sino se garantiza un marco legal. Ellos fabricaron uno para garantizar lo contrario y crearon en su momento una Ley Orgánica de 1959 que descuartizó la Constitución de 1940. El sistema debe tener mecanismos para ofrecer un marco de legalidad a los cambios en lo que se elabora una constitución nueva.


f) Eliminación en el Capítulo de delitos contra la Seguridad del Estado de todos aquellos incisos que limiten las libertades individuales y contravengan el espíritu democrático y la libertad de expresión, así como la eliminación del propio enunciado de delitos contra la Seguridad del Estado ya que los que se mantengan pueden quedar como figuras delictivas dentro del propio código penal. El término Seguridad del Estado es algo que evoca siempre tristes recuerdos.


Tampoco existen razones para que exista una sala penal solo dedicada a los delitos contra la Seguridad del Estado.


g) Suspensión -hasta que se elabore un nuevo código penal- de aquellos artículos de delitos económicos que sean derivados del interés de sobrevivencia del ciudadano.


h) Elaboración y promulgación de nuevos códigos penal y civil que serán elaborados por comisiones seleccionadas por el futuro poder legislativo. Los miembros de esas comisiones deberán ser consensuados por todos los sectores sociopolíticos de ese poder legislativo.


i) Permitir la creación de partidos políticos independientes que puedan ser autónomos sin relaciones con el gobierno y puedan recibir financiamiento privado y de instituciones internacionales (esto último seria transitorio, hasta que se defina un modelo de financiación de partidos políticos, acordes a normas democráticas y sujetos a la Ley, incluida la transparencia).


j) Fijar una fecha de elección de una asamblea constituyente. La campaña para elección de constituyentes deberá ser supervisada por organismos internacionales (ONU, OEA, UE y otros), por los partidos políticos cubanos independientes que ya para esa fecha estén registrados y con apertura a financiamiento independiente que no sea el del gobierno. Garantizar que en esa constituyente estén representados todos los sectores políticos y sociales cualquiera su ideario político, raza o género.


k) Fijar una fecha de elección de un nuevo poder legislativo ya sea parlamento o congreso con dos cámaras, según determine la nueva constitución (lógicamente esta fecha seria posterior a la culminación de la nueva constitución). Esa constitución determinará si Cuba toma un sistema presidencialista o parlamentario.


l) Garantizar que las futuras autoridades judiciales, así como que el sistema judicial que se derive de la nueva constitución y el nuevo poder legislativo, sean totalmente independiente del resto poderes del Estado.


Podría seguir enumerando otros aspectos de importancia pero pienso, grosso modo, los anteriores puntos son premisas básicas para comenzar a conversar.


2.- Para hablar de reconciliación primero debemos subrayar que no debe existir olvido, sino justicia. Aquellas personas (que no son mayoría) que tengan sus manos manchadas de sangre, o que hayan abusado físicamente utilizando su poder y posiciones contra opositores políticos, disidentes, contestatarios o cualquier ciudadano deberán ser enjuiciados y condenados según la magnitud de su delito.


Cuando analizamos tan complejo tema salen a la luz ideas que tal vez muchos hemos pensado durante años pero que, en el momento de hablar de diálogo, se impone colocarlas sobre la mesa.


La única manera de llegar es construyendo, ladrillo a ladrillo.


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