• Yaxys Cires Dib

A la élite no le interesa modificar ese rechazo, sino doblegarlo

Yaxys Cires, coordinador de Cuba Humanista, responde a Cuba Próxima sobre el 11-J


1- ¿Cuál ha sido el significado de las protestas del 11-J para Cuba y el gobierno?

Para los ciudadanos una necesidad imperiosa de desahogo y la caída del mito de que los cubanos no protestamos en las calles de nuestro país.


Para el gobierno ha sido la derrota de su estilo de dirigir un país alejado de los problemas del pueblo y solamente administrando la represión. También significa la bochornosa escena de tener que asumir a nivel internacional que todo el discurso propagandístico sobre los derechos sociales y sobre el apoyo ciudadano es una falsedad. La pobreza y los reclamos cívicos de cambio, así como la represión desatada, le han tumbado la careta.


2- ¿Cuáles son las motivaciones y las causas del 11-J?

Cuba recibió la pandemia en las peores condiciones: con un sistema que no funciona, un régimen que continuamente evidencia su fracaso en lo político, económico y social.


Hay otros elementos que influyeron, como el divorcio entre la élite en el poder y los ciudadanos; en dos sentidos: en primer lugar, por un estilo de vida y unas condiciones materiales muy diferente a las del pueblo; y en segundo, porque a esta casta no pareciera interesarle hacer los cambios que el país necesita con el objetivo de que mejoren las cosas para la gente. Ni siquiera demostraron la mínima empatía cuando se les pidió, semanas antes del 11-J, que se abrieran a la ayuda internacional y que se entrara en el mecanismo Covax.


Por último, hay que decir que existieron cuestiones coyunturales como la reducción de las subvenciones desde Venezuela, por la inestabilidad en ese país, o la disminución de visitantes extranjeros, entre otras vinculadas con las relaciones internacionales. Pero las causas principales del problema cubano son endógenas.


3- ¿Cómo avalúa la respuesta del gobierno cubano y su interpretación de estos sucesos?

El gobierno cuenta con los instrumentos e informes de los organismos de inteligencia interna y se había preparado para expresiones de malestar social, pero muy focalizadas y de otra naturaleza. Desde hace meses había reforzado la seguridad en torno a las tiendas por MLC, previendo algún tipo de acción contra éstas por parte de gente inconforme por la escasez de alimentos. También estaba muy pendiente de las aglomeraciones, en especial de las colas.


El alcance geográfico y el contenido político de las protestas los descolocó, y por eso reaccionaron públicamente de manera torpe; mostrando el pánico que les provocó la prontitud, magnitud y extensión de unas protestas que coreaban cambios y libertad, completamente espontáneas, sin un liderazgo visible, y con una gran participación de jóvenes.


A estas alturas es muy difícil que no hayan entendido el mensaje, en especial el grado de rechazo que tienen dentro del pueblo. Sin embargo, a la élite no le interesa modificar ese rechazo, sino doblegarlo.


4- ¿Qué criterios predominan sobre el 11-J en la opinión pública nacional e internacional?

Que la gente se cansó. Es la catarsis de una sociedad que se siente abandonada por los gobernantes, especialmente en un momento de pandemia. Hay cosas que los cubanos dejamos pasar, y que el pan y el circo hacen que se olviden, pero lo que tiene que ver con la salud y que implica muerte de familiares y amigos, nos toca de manera muy especial; y al mismo tiempo ver cómo el gobierno, cuyos miembros no hacen sacrificios, se cerraba a la ayuda humanitaria internacional.


A ello habría que añadir el triste y agotador dilema existencial entre exponerse al virus y a las multas en las colas o quedarse en casa y pasar hambre.


A nivel internacional se derrumbó ante los ojos de todos la idea de que Cuba es el paraíso de los derechos sociales y de que el régimen goza de un apoyo popular “inquebrantable”.


5- El 11-J estremece la nación, devasta los frágiles soportes del inmovilismo oficial, desata odios y coloca a Cuba al borde de una guerra civil; condición en la cual no debe permanecer el país. ¿Cómo deben actuar el gobierno, la oposición democrática y la sociedad civil para un cambio sociopolítico que además implique una reconciliación nacional?

El gobierno tiene una crisis de legitimidad y credibilidad. Una crisis que ha venido conformándose con su incapacidad de dar respuestas a las necesidades básicas de la población, pero que se reafirma cuando su propio presidente alienta a un enfrentamiento en las calles y envía a sus seguidores contra civiles que protestan pacíficamente. Solamente administra la represión.


En cualquier país normal medio consejo de ministros hubiera tenido que renunciar por tantos fracasos, desde la Tarea de Ordenamiento, el mal manejo de la crisis de las remesas, los errores de prospectiva en las relaciones con Estados Unidos y por último, lo más importante, el nefasto manejo de la salud pública, entendido no solamente como el colapso durante la pandemia, sino por el deterioro acumulado de las condiciones del sistema.


Pero también es una crisis de representatividad. Ya los resultados oficiales del referéndum constitucional indican que una parte importante de los cubanos no está representada en las estructuras estatales cubanas. La Cuba posterior al 11-J confirma a la luz del día esa falta de representatividad de las instituciones cubanas.


Si el gobierno actuara guiado por un sentimiento patriótico y humano, debería abrir un espacio de reflexión nacional y comenzar un proceso de transición democrática; pero pareciera que no está por la labor. Lo más importante para ellos es retener el poder cueste lo que cueste.


Pero la situación general del país puede seguir empeorando y las personas inconformes dentro de las estructuras estatales darán un paso cuando ya no esté quien hoy sirve de muro de contención a las luchas internas en la cúpula. Si estando presente, la cúpula está dividida y el pueblo se ha tirado a la calle...


El escenario de menor costo social sería el de una transición de la ley a la ley, contando con todos los sectores de la oposición democrática y la sociedad civil, que desemboque en una nueva constitución y unas elecciones democráticas.

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